EE. UU. concede visas a la selección de Irán para el Mundial 2026
EE. UU. concede visas a la selección de Irán para el Mundial 2026 Estados Unidos abre la puerta a la selección de Irán para el Mundial 2026, pero el gesto deportivo llega en pleno choque geopolítico. El balón entrará en la cancha, aunque la diplomacia siga jugando en campo minado.
Washington se viste de anfitrión ejemplar
La versión alineada con el gobierno de EE. UU. presenta la decisión como un triunfo del “soft power” deportivo y la normalidad institucional. La confirmación de que “EE.UU. confirma la emisión de visas para la selección de Irán rumbo al Mundial 2026” despeja la incógnita sobre la presencia del combinado asiático en Norteamérica. La embajada en Ankara se coloca como protagonista eficiente de una burocracia que funciona bajo presión, proyectando la imagen de un país capaz de separar política y deporte.
El embajador Tom Barrack es el rostro de esa narrativa: su anuncio en X, celebrando el trabajo del equipo diplomático, se enmarca en el relato de que, pese a las restricciones migratorias y la tensión por la guerra en Oriente Medio, el Mundial merece una excepción administrativa y simbólica.
Irán entra a la cancha, pero por la puerta lateral
Desde la orilla iraní, el mismo hecho se lee con menos épica y más recelo. Que la selección haya tenido que gestionar sus visados a través de Turquía y establecer su base en Tijuana, tras descartar Tucson por la tensión bilateral, subraya que el acceso no ha sido ni automático ni neutro.
El presidente de la federación, Mehdi Taj, admitió que fue necesaria una intensa interlocución con la FIFA y la entrega de todos los pasaportes en Ankara antes de obtener garantías de que “se expedirán todos los visados y que ya no habrá ningún problema al respecto”. Para Teherán, el mensaje es claro: el deporte “trasciende fronteras”, sí, pero solo después de pasar por una larga cola consular.
Gol de imagen, partido aún abierto
En lo inmediato, gana el Mundial: Irán jugará en Los Ángeles y Seattle ante Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto, sin sobresaltos migratorios. En el tablero geopolítico, Washington anota un gol de imagen, mientras Irán reclama que se ha evitado al límite un nuevo capítulo de trato discriminatorio. El marcador final, como siempre en estos casos, no se decide solo en el césped.
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