Papa León XIV visita España y condena los abusos sexuales en la Iglesia
Papa León XIV visita España y condena los abusos sexuales en la Iglesia La visita del papa León XIV a España ha sido, a la vez, una gran misa de reconciliación y un juicio público a la propia Iglesia. Fe multitudinaria en la calle, indignación contenida en la puerta de la Nunciatura y ovación en el Congreso: tres Españas para un solo pontífice.
El relato del Vaticano y del Gobierno: el Papa reformador
Los medios cercanos al Gobierno destacan al Papa como líder moral global: un discurso “histórico” en el Congreso, con siete minutos de aplausos, defendiendo a los migrantes, la dignidad humana y la paz. León XIV exigió una respuesta “coordinada, solidaria y eficaz” para migrantes y refugiados, que vaya “más allá de la mera gestión de flujos” y garantice “protección, acogida y oportunidades reales de integración”.
En el mismo mensaje, blindó la agenda más clásica del Vaticano: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”, advirtió ante un Congreso que se dispone a debatir el blindaje de la eutanasia. Y reclamó bajar la crispación política porque “la firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”.
En paralelo, su encuentro con los obispos llevó una palabra clave: los abusos sexuales son una “plaga” que exige “la escucha, la verdad, la justicia, la reparación”. La misma línea repiten crónicas afines al Ejecutivo: justicia y reparación ante la “plaga” en el seno de la Iglesia.
La oposición y las víctimas: fe en la calle, desconfianza en los despachos
Desde la otra orilla mediática se subraya tanto la potencia del gesto como sus límites. León XIV habló de “aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos” y reclamó “un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”. Pero las víctimas recuerdan que la llaga sigue abierta: más de 200.000 menores podrían haber sufrido agresiones desde 1940, según el Defensor del Pueblo.
En la calle, las imágenes son de masas y devoción: más de 1,2 millones de fieles convirtieron el centro de Madrid en “una iglesia al aire libre” para la misa del Corpus Christi, mientras el papa saludaba desde el papamóvil a su llegada a la Plaza de Cibeles.
Fuera de plano, las organizaciones históricas de víctimas de pederastia clerical se quedaron en la acera. Denuncian que fueron “excluidas por completo” de la reunión con el Papa y que el Vaticano diseñó un encuentro “a medida” para evitar la confrontación. “No haber sido invitados es un golpe (…) la realidad que va a palpar el Papa es una realidad totalmente sesgada”, reprocha Juan Cuatrecasas.
Mientras la Iglesia y el Gobierno exhiben acuerdos de indemnización tras años de “reticencias y opacidad”, las víctimas responden con protestas y recelo. Entre la Cibeles llena de fe y la Nunciatura rodeada de indignación, la pregunta permanece: ¿está empezando la reparación o solo ha cambiado la escenografía?
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