Polémica por la prohibición del español en ruedas de prensa del Mundial 2026
Polémica por la prohibición del español en ruedas de prensa del Mundial 2026 La Copa del Mundo que presume de celebrar la diversidad arrancó con un gesto que sonó a todo menos inclusivo: en plenas conferencias oficiales del Mundial 2026, el español quedó vetado de los micrófonos.
La crítica: un Mundial en México… sin español
Desde la orilla más crítica se habla de absurdo y contradicción. La FIFA lleva años vendiendo el Mundial 2026 como vitrina de “diversidad cultural”, pero en los primeros días obligó a periodistas y futbolistas a abandonar el español en las ruedas de prensa, incluso en México, uno de los países anfitriones.
El episodio más sonado: la previa de Brasil–Marruecos. Vinícius Júnior y Achraf Hakimi, perfectamente capaces de expresarse en castellano, vieron cómo la organización impedía preguntas en español por “ausencia de traductores habilitados para ese idioma”. La escena se repitió con Frenkie de Jong: un periodista inició en español y tuvo que rendirse al inglés.
Para esta corriente, el mensaje fue claro: en un Mundial que pisa suelo mexicano, el español fue relegado a idioma de segunda.
La versión institucional: un “problema técnico” corregido
Desde el flanco más cercano a la versión oficial se busca bajar el tono: la FIFA aplicó una norma según la cual las conferencias solo contaban con traducción al inglés y a los idiomas de las selecciones implicadas, lo que “en la práctica” bloqueó el uso del español en varias ruedas de prensa.
Un oficial lo resumió así: “No tenemos español en interpretación remota. Pregunta en inglés o en las lenguas que usamos hoy”. Tras la ola de críticas y el ruido en redes, una fuente del organismo explicó que los servicios de traducción se piden por selección y confirmó que el español sería incorporado a la interpretación simultánea; la plataforma oficial ya lo habilitó.
Coincidencia incómoda
Ambos relatos coinciden en algo: la medida fue un error de cálculo que terminó tocando la fibra de identidad lingüística de millones de aficionados. La diferencia es el encuadre: para unos, un síntoma de desdén cultural; para otros, un fallo burocrático corregido a tiempo. Pero el daño simbólico ya quedó grabado… en cualquier idioma.
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