Se agudiza la crisis financiera del Hospital de Bocagrande en Cartagena

El Hospital de Bocagrande en Cartagena enfrenta una grave crisis financiera, con deudas de EPS que superan los 70 mil millones de pesos, lo que ha provocado la falta de pago de salarios a sus empleados por al menos cuatro meses. En respuesta, los trabajadores han cesado actividades, afectando servicios críticos como urgencias y cuidados intensivos.
Se agudiza la crisis financiera del Hospital de Bocagrande en Cartagena

Se agudiza la crisis financiera del Hospital de Bocagrande en Cartagena La parálisis del Hospital de Bocagrande no es solo un drama local: es el choque frontal entre el relato de una “crisis puntual” y la denuncia de un modelo de salud que hace agua por todos los costados.

Mientras los trabajadores llevan cuatro meses sin sueldo, el hospital —único servicio de urgencias en el norte de Cartagena— cerró alta complejidad, desde UCI hasta cardiología y neurología, por una deuda superior a 70 mil millones de pesos de Coosalud, EPS intervenida por el Gobierno.

El lente cercano: drama humano y foco en las EPS

Desde el entorno alineado con el Gobierno, la narrativa subraya el impacto social y humano. Se recuerda que “el Hospital de Bocagrande está en crisis: no les pagan a los trabajadores desde hace meses” y se pone rostro al sufrimiento con testimonios como “Me he tenido que acostar sin comer”, que describen el drama cotidiano del personal que sostiene el sistema sin ver un peso desde hace cuatro meses.

Este enfoque apunta sobre todo a la morosidad de las EPS —en especial Coosalud— como causa directa del colapso de servicios críticos y del cese de actividades del talento humano en salud.

El lente estructural: un modelo en metástasis

La oposición va más allá del caso Bocagrande y habla de “metástasis estructural” del Sistema de Salud Pública. Sostiene que la intermediación financiera de las EPS se volvió un “cuello de botella” donde los recursos “se quedan atrapados en la burocracia aseguradora, reteniendo pagos de forma injustificada, mientras los hospitales de primera línea se desangran sin liquidez para operar”.

El editorial advierte que, si el Estado no asume su deber de girar de forma directa y eficiente, “seguiremos asistiendo al desfile fúnebre de nuestros hospitales”, y acusa al actual Gobierno de haber dejado deteriorar un modelo que “podía funcionar”.

Coincidencias incómodas

Ambos relatos, pese al choque político, coinciden en algo demoledor: la vida de trabajadores y pacientes quedó atrapada entre deudas impagas y decisiones estatales que llegan tarde o no llegan. Bocagrande es el síntoma; el sistema, la enfermedad.

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