Muere el histórico comandante de la revolución cubana Ramiro Valdés Menéndez

Ramiro Valdés Menéndez, una figura histórica de la Revolución cubana y vice primer ministro del país, falleció a los 94 años en La Habana. Líderes como el presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, y la copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, expresaron sus condolencias por la muerte de quien fuera uno de los últimos de la generación que combatió junto a Fidel Castro.
Muere el histórico comandante de la revolución cubana Ramiro Valdés Menéndez

Muere el histórico comandante de la revolución cubana Ramiro Valdés Menéndez La muerte de Ramiro Valdés Menéndez, uno de los últimos comandantes históricos de la Revolución cubana, no solo cierra un capítulo generacional: también exhibe, en tiempo real, la grieta entre quienes lo veneran como héroe y quienes lo recuerdan como arquitecto de la represión.

El relato oficial: héroe sin fisuras

Desde La Habana, el aparato estatal y sus aliados pintan un mural épico. Díaz-Canel lo despide con palabras casi filiales, destacando su “ejemplar consagración al servicio de la Patria” y su “fidelidad absoluta al liderazgo de Fidel y Raúl” hasta el último aliento. La línea es clara: continuidad revolucionaria, disciplina y lealtad.

En Caracas, el Gobierno de Venezuela acompaña el guion: subraya la “larga trayectoria” de Valdés y su papel en “momentos fundacionales de la vida política y social” de Cuba, reforzando la idea de un pilar histórico indispensable. Managua se suma: Rosario Murillo lo saluda como “amigo inquebrantable del pueblo nicaragüense” y lo enmarca en una narrativa de paz, victorias compartidas y hermandad revolucionaria.

La otra lectura: el poder y su sombra

Los medios críticos no discuten su peso histórico, pero completan el cuadro con los detalles que el relato oficial pule o borra. Se recuerda a Valdés como vice primer ministro y figura central de la seguridad del Estado: fundador del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) y de la Dirección General de Inteligencia (DGI), “dedicados al seguimiento, infiltración y represión de elementos opositores y anticomunistas dentro del país”.

Mientras Cubadebate lo presenta como “merecedor del respeto y la admiración del pueblo de Cuba por su entrega y probada lealtad a la causa revolucionaria”, la prensa de oposición, como Despacho 505, reproduce ese elogio para subrayar justamente lo contrario: que su legado está inseparablemente ligado al control político, la persecución interna y el sistema que blindó a la cúpula cubana durante décadas.

Entre la épica y el expediente represivo, la figura de Ramiro Valdés queda como un símbolo perfecto de la revolución cubana: glorificada por sus aliados, cuestionada por sus críticos y, para muchos cubanos, asociada tanto al mito de la liberación como a la larga sombra del miedo.

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