Abelardo de la Espriella gana las elecciones presidenciales de Colombia
Abelardo de la Espriella gana las elecciones presidenciales de Colombia Abelardo de la Espriella ganó por un suspiro y heredó un país partido en dos: casi la mitad celebra el “milagro” y la otra media Colombia mira con recelo a un presidente que se autoproclama desde el preconteo.
Mientras el bloque afín al nuevo gobierno habla de un mandato de cambio “pacífico” que derrotó a “la maquinaria del gobierno que favoreció a Cepeda” y promete respetar la Constitución del 91 y gobernar “sin vencedores ni vencidos”, los editoriales de la costa Caribe subrayan que el triunfo se explica por el cansancio con la inseguridad, la corrupción y el desgaste del “gobierno del cambio” de Gustavo Petro.
Los números son elocuentes: la victoria de De la Espriella es “la más estrecha de la historia reciente”, decidida por unos 248.000 votos y menos de un punto porcentual. El mapa muestra un país literalmente quebrado: el “Tigre” arrasa en Antioquia y el oriente, Cepeda domina Caribe, Pacífico y buena parte del suroccidente. Afuera, el giro es aún más nítido: el candidato de ultraderecha se impone con más del 65 % entre los colombianos en el exterior, con triunfos abrumadores en Estados Unidos y Venezuela.
La derecha regional y local cierra filas, presentando la elección como la recuperación del poder y la “dignidad nacional”, mientras expresidentes como Uribe y Duque leen el resultado como castigo al petrismo y a una “campaña ilegal del gobierno”. Desde el otro lado, Petro se niega a reconocer el preconteo y solo acata el escrutinio judicial, hablando de “muchas irregularidades”, al tiempo que sectores que apoyan a Cepeda señalan aumentos explosivos de su votación en zonas con presencia de grupos armados y piden una revisión fina de mesas y territorios.
En el centro de esta guerra de relatos, el registrador defiende el sistema como “absolutamente eficiente” y auditado, y los datos históricos recuerdan que en Colombia nunca un escrutinio ha volteado el resultado del preconteo. De la Espriella, por su parte, mezcla guante de seda y puño de hierro: jura gobernar “para todos los colombianos”, pero ordena a Petro y Cepeda “hacer sus maletas y prepararse para ejercer la oposición” sin “tercera vuelta en las calles”.
La foto de cierre es clara: Colombia giró a la derecha y se sube al eje pro‑Trump de la región, pero lo hace por un margen tan fino que cualquier paso en falso puede convertir el prometido “milagro” en otra fractura.
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