Presidente de Panamá, José Raúl Mulino, denuncia deterioro de DDHH en Nicaragua ante la OEA

Durante la Asamblea General de la OEA, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, instó a la organización a no ignorar el grave deterioro de los derechos humanos en Nicaragua. Mulino denunció la persecución de opositores, el cierre del espacio cívico y el exilio forzado, afirmando que la situación es incompatible con los principios democráticos del hemisferio.
Presidente de Panamá, José Raúl Mulino, denuncia deterioro de DDHH en Nicaragua ante la OEA

Presidente de Panamá, José Raúl Mulino, denuncia deterioro de DDHH en Nicaragua ante la OEA El discurso del presidente panameño José Raúl Mulino ante la OEA abrió un frente incómodo en el vecindario: mientras la oposición regional celebra que se nombre y se enfrente a Managua, los gobiernos afines prefieren subrayar que el centro del mensaje fue Venezuela y la “resiliencia democrática” del hemisferio.

Nicaragua en el banquillo… según la oposición

Desde medios y actores opositores, el acento está claro: Mulino habría puesto a Daniel Ortega en el centro de la denuncia. Titulares como “La OEA no puede ignorarlo” resaltan que el mandatario habló de un “grave deterioro del respeto a los derechos humanos” en Nicaragua, citando persecución de opositores, cierre del espacio cívico, expulsión de ONG, encarcelamiento de líderes religiosos y exilio forzado como hechos “incompatibles” con los principios de la OEA.

En X, dirigentes nicaragüenses amplifican el mensaje, celebrando que Panamá marque la “obligación” de la OEA de “no ignorar la situación de Nicaragua y atender las graves violaciones de DDHH” contra opositores, líderes religiosos y sociedad civil.

…y Venezuela como eje, para medios afines a gobiernos

En la cobertura alineada con gobiernos de la región, el mismo discurso se lee distinto. Allí se subraya que Mulino “posicionó la crisis venezolana en el centro del debate” y exigió una “pronta transición democrática” en Caracas, con “elecciones libres” y respeto “al 100% —no por pedacitos— de la democracia representativa”.

Nicaragua aparece, pero en segunda línea: se habla de un “severo deterioro del respeto a los derechos humanos” bajo Ortega, junto con llamados a “una democracia plena” en Cuba y alertas por la erosión democrática y la crisis institucional en Bolivia.

Coincidencias y choques

Ambos relatos coinciden en algo incómodo para varias capitales: Mulino dibuja un mapa hemisférico donde Managua, La Habana, Caracas y La Paz aparecen como eslabones de una misma cadena de alarmas democráticas. La diferencia está en el foco: para la oposición, Nicaragua es el caso ejemplar de represión; para los gobiernos aliados, Venezuela es el problema “urgente” y lo demás, ruido de fondo.

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