Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo reciben credenciales como presidente y vicepresidente de Colombia
Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo reciben credenciales como presidente y vicepresidente de Colombia El papel ya está firmado: Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo son oficialmente presidente y vicepresidente electos. Pero mientras el gobierno entrante se vende como “nuevo orden”, la mitad del país que perdió la elección se prepara para cuatro años de choque frontal.
La épica según el abelardismo
Los medios afines describen el acto en Corferias como un cierre “épico” del ciclo electoral, subrayando que el CNE “formalizó su elección como Presidente y Vicepresidente del país” tras entregar las credenciales a De la Espriella y Restrepo. El propio presidente electo presentó su victoria como “un triunfo épico” y aseguró que los colombianos votaron “por un nuevo estilo, por un nuevo modelo, por un nuevo orden y por una nueva forma de hacer política”.
En esa narrativa, él “salvó la democracia” y será “el presidente de todos los colombianos”, con garantías para la oposición pero “severidad” frente a quienes recurran al caos y la violencia. El tono de mano dura se refuerza con el ultimátum a los grupos armados ilegales, a los que les dio “un mes” para someterse a la justicia, sin “ofertas de paz”.
La prensa afín también humaniza al nuevo mandatario a través de su padre, quien le aconseja rodearse de gente con “inmensa honradez” y que sus colaboradores pueden “meter las patas, pero no las manos”. Afuera, líderes regionales lo felicitan y dicen que Colombia “va por el camino correcto” y celebran “al pueblo colombiano y a su nuevo presidente”.
La aritmética, según la oposición
Desde la otra orilla, el foco no está en la épica sino en la estrechez del margen. El CNE certificó 12.960.166 votos para De la Espriella frente a 12.708.312 de Iván Cepeda, “una diferencia de poco más de 251.000 votos”. Otro reporte remarca la brecha de 251.854 votos y la califica como variaciones “mínimas” frente al preconteo.
Cepeda aceptó los resultados como “un acto de responsabilidad democrática”, reconoció que “Abelardo De La Espriella es el nuevo presidente de la República” y anunció una oposición “firme y resoluta” desde el Senado. En este relato, lo que importa no es el relato regenerador del nuevo gobierno, sino la legitimidad ajustada y el aviso de que habrá contrapeso organizado.
El contraste es nítido: para el abelardismo, el 7 de agosto comienza un “nuevo orden”; para la oposición, comienza una pelea voto a voto, desde un país partido casi en dos.
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