El número de muertos por los terremotos en Venezuela aumenta a más de 920
El número de muertos por los terremotos en Venezuela aumenta a más de 920 El terremoto que partió a Venezuela también fracturó el relato sobre lo que está ocurriendo: para el gobierno es una operación de rescate sin descanso; para opositores y expertos, es la prueba brutal de un Estado frágil que reaccionó tarde y mal.
Gobierno: control, maquinaria y cifras oficiales
La narrativa oficial se ancla en los números y en la imagen de mando. “Venezuela actualiza a 920 la cifra de fallecidos por terremotos”, con 3.360 heridos y La Guaira convertida en “zona de desastre” y epicentro del dolor. Delcy Rodríguez insiste en que “el proceso de rescate de las personas que están con vida es nuestra prioridad” y presume de brigadas de nueve países, militarización total del estado costero y más de 11.500 funcionarios desplegados.
La versión gubernamental también enfatiza la solidaridad externa: China promete “asistencia humanitaria de emergencia” y apoyo a la reconstrucción, mientras se habla de un fondo de 200 millones de dólares para levantar las zonas arrasadas.
Terreno y oposición: cuerpos bajo escombros y Estado ausente
En La Guaira, el discurso suena distinto. El aire “ya comienza a oler a putrefacción” por los cadáveres atrapados, vecinos piden “maquinaria” y “personal capacitado” porque “hay muchos cadáveres, el olor ya se está volviendo insoportable”, y un damnificado denuncia que en el hospital público “están cobrando por todo” por la escasez de insumos.
Medios críticos hablan de 50.000 desaparecidos y advierten que las viviendas viejas y frágiles multiplicaron el desastre, mientras EE. UU. estima un “riesgo de hasta 100.000 muertos”. Un editorial opositor apunta a “serias deficiencias estructurales” tras “la larga y opresiva dictadura” y a una emergencia que exige “años de reconstrucción material, social y económica”.
En paralelo, las redes recuerdan lo que falló antes del temblor. “Hoy se recuerda la importancia de que los hospitales estén en condiciones… que la policía, bomberos y otros cuerpos de asistencia estén bien entrenados y equipados”, se lee en un mensaje viral. La solidaridad abunda —“Nuestro corazón está con el pueblo venezolano… Fuerza #Venezuela”; “mis oraciones por los desaparecidos y sus familiares”—, pero también los reproches regionales a aliados que se lucraron de la bonanza venezolana y hoy “son incapaces de enviar siquiera un contingente de rescatistas para salvar vidas”.
En medio, están las historias silenciosas: familias que recorren hospitales y morgues buscando a sus desaparecidos en La Guaira, una exreina de belleza que entierra a su madre tras un infarto provocado por el susto de los sismos, barrios donde la ayuda oficial simplemente “no ha llegado”.
La coincidencia es solo una: nadie discute que la cifra de 920 muertos puede ser apenas el comienzo.
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