Conmemoran 40 años del fallo de La Haya a favor de Nicaragua contra EE. UU.

Nicaragua conmemora el 40.º aniversario de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, que condenó a Estados Unidos por sus actividades militares y paramilitares contra el país en la década de 1980. A pesar del fallo que ordenaba una indemnización, Estados Unidos nunca ha cumplido con la sentencia.
Conmemoran 40 años del fallo de La Haya a favor de Nicaragua contra EE. UU.

Conmemoran 40 años del fallo de La Haya a favor de Nicaragua contra EE. UU. Nicaragua celebra la efeméride; Washington sigue mirando hacia otro lado. Cuarenta años después del histórico fallo de La Haya, el choque no es solo jurídico, sino de narrativas: para Managua es “victoria de David sobre Goliat”, para EE. UU. es un caso incómodo que se deja en el olvido.

Managua: la justicia como arma política

Los medios alineados con el gobierno presentan el aniversario como una gesta épica y aleccionadora. Hablan de una “abrumadora sentencia de La Haya” que probó que “la razón puede vencer a la fuerza” y que desenmascaró al país que “se sigue creyendo el dueño del mundo”.

En esta versión, el caso es una “victoria jurídica de Nicaragua frente a Estados Unidos”, no solo por el contenido del fallo, sino porque reafirma “la fuerza del Derecho Internacional” frente al poder militar. Se insiste en que la Corte obligó a Washington a pagar 17.000 millones de dólares en indemnización y declaró que EE. UU. violó el derecho internacional humanitario al financiar, armar y dirigir a la contrarrevolución, responsable de secuestros, asesinatos y el minado de puertos nicaragüenses.

Otro eje central del relato oficialista es el tamaño del adversario: un pequeño país centroamericano que llevó a “la mayor potencia militar del mundo” ante los jueces de La Haya y obtuvo un fallo favorable, descrito abiertamente como “la victoria de David sobre Goliat en La Haya”.

Washington: silencio como estrategia

Del lado estadounidense, el contraste es brutal: ni reconocimiento pleno del fallo ni pago de la indemnización ordenada. Mientras Managua usa el caso como recordatorio permanente del “doble rasero” de EE. UU., la potencia opta por la táctica del silencio y la desmemoria.

El resultado es un choque de legitimidades: Nicaragua apela al derecho internacional como bandera moral; Washington se refugia en su peso geopolítico para ignorar la sentencia. Cuarenta años después, el caso sigue siendo menos un capítulo cerrado y más una herida abierta en la narrativa global sobre legalidad, poder y memoria.

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