Reportan saqueos en La Guaira tras terremotos en Venezuela
Reportan saqueos en La Guaira tras terremotos en Venezuela La tierra dejó de temblar en La Guaira, pero lo que vino después fue igual de sísmico: una ola de saqueos, denuncias cruzadas y una disputa feroz por el relato de la “otra tragedia” que sigue al terremoto.
Coincidencia incómoda: todos ven saqueos
Medios alineados con el gobierno y críticos del régimen coinciden en la fotografía de caos: comercios, viviendas y hasta una cadena de farmacias “fueron desvalijados” en la zona más devastada por el doble sismo, donde “no había terminado de temblar la tierra cuando comenzaron los robos y saqueos”. Desde un pequeño abasto del que “no quedaron ni los cables” hasta supermercados y otros negocios, las imágenes de gente cargando cajas de electrodomésticos por techos de carros y motos se repiten en todos los relatos.
Testigos describen una rapiña sin freno: “no dejaron ni el papel de las paredes… se llevaron hasta los cables”, lamenta una comerciante que vio sus locales arrasados, mientras denuncia que saquearon incluso pasando “por encima del muerto”.
El choque de narrativas: hambre, crimen y Estado ausente
Las fuentes cercanas al gobierno subrayan que el fenómeno mezcla “turismo de la desgracia” con hambre y necesidad en un país ya en crisis crónica, y apuntan a la respuesta oficial: militarización del estado y controles de acceso mediante salvoconductos tramitados con los militares en Caracas.
La oposición usa la misma escena para acusar al régimen: denuncia una ayuda “lenta y escasa”, casas vaciadas —“aquí no hay nada… nos robaron todo”— y hasta videos donde civiles sorprenden a militares “esculcando” viviendas. A eso suma un rosario de señalamientos sobre la gestión de cadáveres: “cada relato es peor que el anterior”, cuestiona un activista al describir la logística chavista para devolver cuerpos a las familias.
Coincidencias y silencios
En algo coinciden todos: los saqueos son masivos, comenzaron casi al mismo tiempo que la tragedia y han dejado a víctimas dos veces despojadas. Divergen, en cambio, en el protagonista del desastre político: para el gobierno, son delincuentes y curiosos; para la oposición, es un Estado que llegó tarde, mal y, según denuncian, también a robar.
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