Guerras ajenas

Hay silencios que no nacen de la cobardía, sino de una prudencia amarga, tal como esa lucidez que obliga a mirar el incendio antes de correr hacia las llamas. No toda retirada es traición, ni toda reserva merece el nombre de complicidad. A veces callar es medir fuerzas, reconocer límites y entender que no debemos graduar de enemigo a cualquiera.
Guerras ajenas

Guerras ajenas Existen silencios que surgen de una prudencia reflexiva, no de cobardía, entendiendo la necesidad de evaluar una situación antes de actuar precipitadamente. Las retiradas y reservas no siempre implican traición o complicidad, sino que pueden ser estrategias conscientes. A veces, callar permite medir fuerzas, reconocer las propias limitaciones y evitar enemistades innecesarias.

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