Bitcoin: ¿por qué 21 millones?
- Qué es el dinero, en una escena
- El mecanismo: bloques, tiempo y la mitad de la mitad
- La verdad histórica escrita en el código
- La botella que se llena sin desbordar
- El día exacto
- El paraguas
Hoy vamos a hablar de una pregunta que parece tonta hasta que la miras de cerca: ¿por qué 21 millones?
Todo el mundo que ha oído hablar de Bitcoin sabe que “solo va a haber 21 millones”. Es casi un eslogan. Pero si le preguntas a la gente por qué esa cifra y no otra, la respuesta que más vas a escuchar es alguna leyenda a medias: que si coincide con la masa monetaria mundial, que si Satoshi hizo un cálculo genial de estabilidad de precios… Investigando esto por mi cuenta, comprobé que casi ninguna de esas explicaciones sobrevive cuando vas a la fuente original: el código que Satoshi escribió con sus propias manos, y los pocos correos privados suyos que se han hecho públicos.
Y lo que hay detrás es mejor que la leyenda. Porque lo que vas a ver es, literalmente, la diferencia entre un paraguas y una promesa. Un paraguas te protege pase lo que pase, sin que tengas que confiar en que alguien lo sostenga por ti. Una promesa depende de que la otra parte la cumpla.
El dinero que usamos a diario es una promesa. La de tu banco, la de tu gobierno. Y las promesas, ya lo sabemos, en 2008 se rompieron por todas partes. Vamos a ver exactamente cómo, y cómo nació, en medio de ese incendio, un dinero diseñado para no depender de ninguna promesa nunca más.
Qué es el dinero, en una escena
Antes de hablar de Bitcoin, pensemos: ¿qué es el dinero? ¿De dónde salió?
El dinero sale de una necesidad. Para resolverla, inventamos el trueque: yo te doy algo que tú necesitas, tú me das algo que yo necesito. No se trata solo de deshacerse de lo que sobra: el comercio existe para cubrir necesidades.
Pero el trueque tiene un problema: casi nunca el valor de lo que se intercambia coincide. Yo tengo una cabra, tú tienes una gallina y unos huevos. Mi cabra vale más que tu gallina sola, así que para cerrar el trato necesitamos algo de por medio que ajuste esa diferencia. Ahí aparece la primera pieza clave: un bien de intercambio. Te cambio mi cabra por tu gallina, más unos huevos que completan lo que falta.
Y esos huevos, sin que nadie lo planeara, empiezan a mostrar las cualidades que hacen que algo funcione como dinero.
Primera cualidad: los huevos se pueden guardar, y además los consume todo el mundo. No hace falta que a ti te gusten las gallinas: cualquiera acepta huevos porque cualquiera los puede comer.
Segunda cualidad: si todo el mercado empieza a aceptar huevos no solo para comer, sino como medio de intercambio para cualquier otra cosa, cada vez más gente los desea y los busca. Y cuantos más motivos hay para querer un huevo, más puedes conseguir con cada uno: su valor sube, porque ahora sirve para más cosas que antes.
Pero aquí aparece la tercera cualidad, y es la que hoy nos interesa de verdad: si los huevos son fáciles de producir, ¿qué hace todo el mundo en cuanto ve que valen más?
Exacto. Cría más gallinas. Y en cuanto la cantidad de huevos supera lo que el mercado realmente necesita, pasa lo contrario: para conseguir lo mismo de antes, ahora hace falta entregar más huevos. Los precios suben, no porque las cosas valgan más, sino porque cada huevo vale menos: aumenta la oferta y baja el valor de cada huevo. Nadie te ha robado nada: es que producir de más era demasiado fácil, y esa facilidad se come el valor de lo que ya tenías guardado.
Esto no es una fábula del pasado. Es exactamente lo que le pasa a cualquier dinero que alguien puede “producir de más” cuando le conviene: un banco central imprimiendo billetes, o tus vecinos criando gallinas de más. Y es exactamente el problema que Satoshi decidió resolver de raíz: un dinero cuya cantidad nadie, ni siquiera él mismo, pudiera disparar cuando le conviniera.
Vamos a ver cómo lo hizo.
El mecanismo: bloques, tiempo y la mitad de la mitad
Bitcoin genera un bloque nuevo, de media, cada 10 minutos. Cada bloque trae consigo una recompensa en monedas nuevas para quien lo mina. Así es como se crea todo el dinero nuevo; no hay otra vía.
Esa recompensa empezó en 50 monedas por bloque. Y cada 210.000 bloques (aproximadamente cada 4 años) esa recompensa se parte exactamente por la mitad. Veamos cuántas monedas nuevas entran en circulación en cada uno de esos periodos de 210.000 bloques:
- 210.000 × 50 = 10.500.000 (primer periodo)
- 210.000 × 25 = 5.250.000 (segundo periodo)
- 210.000 × 12,5 = 2.625.000 (tercer periodo)
- 210.000 × 6,25 = 1.312.500 (cuarto periodo)
- …y así sucesivamente: cada periodo aporta la mitad de monedas que el anterior, hasta que la recompensa, dividida tantas veces, se queda en cero. Eso ocurre en el bloque 6.930.000, hacia el año 2140.
Sumando todos esos periodos, desde el primero hasta que se agota (210.000 bloques, multiplicados por 50 monedas, multiplicados por 2, que es lo que da la suma de toda la serie de mitades: 1 + 1/2 + 1/4 + 1/8…), el resultado es:
210.000 × 50 × 2 = 21.000.000
| Halving nº | Bloque | Recompensa/bloque | Año aprox. |
|---|---|---|---|
| 0 | 0 | 50 BTC | 2009 |
| 1 | 210.000 | 25 BTC | 2012 |
| 2 | 420.000 | 12,5 BTC | 2016 |
| 3 | 630.000 | 6,25 BTC | 2020 |
| 4 | 840.000 | 3,125 BTC | 2024 |
| … | … | … | … |
| 33 | 6.930.000 | 0 BTC | ≈2140 |
El 21 millones, fíjate, no es un número que alguien “eligiera” directamente. Es lo que sale, obligatoriamente, de fijar otros dos números: 50 monedas iniciales y 210.000 bloques de intervalo. Cambia cualquiera de los dos y el 21 millones deja de ser 21 millones. No hubo margen para ajustarlo después: una vez la red arrancó, quedó grabado en piedra para siempre.
La verdad histórica escrita en el código
Ahora, la parte que investigué con el código real delante, no con lo que cuenta internet.
Dos meses antes de que Bitcoin naciera, en noviembre de 2008, Satoshi compartió en privado con tres personas (Hal Finney, James Donald y Ray Dillinger) una versión temprana del código. Ese código se filtró años después, y hoy se puede descargar y leer. Esto es lo que decía, literalmente:
int64 GetBlockValue(int64 nFees)
{
int64 nSubsidy = 10000 * CENT; // 100 monedas por bloque
for (int i = 100000; i <= nBestHeight; i += 100000)
nSubsidy /= 2; // se parte cada 100.000 bloques
return nSubsidy + nFees;
}
Con esos números (100 monedas por bloque, halving cada 100.000 bloques), el resultado final no era 21 millones. Era 20 millones. Y el bloque, en esa versión, no tardaba 10 minutos: tardaba 15.
Dos meses después, en la versión que sí se publicó, el código de esa misma función había cambiado a esto:
int64 CBlock::GetBlockValue(int64 nFees) const
{
int64 nSubsidy = 50 * COIN;
// Subsidy is cut in half every 4 years
nSubsidy >>= (nBestHeight / 210000);
return nSubsidy + nFees;
}
Fíjate en el comentario que dejó él mismo, en inglés, dentro del propio código: “la recompensa se corta a la mitad cada 4 años”. No dice “para que el total dé 21 millones”. Dice 4 años. Esa es la prueba de que el ancla de todo el diseño no fue una cifra de dinero: fue el tiempo. Un ciclo de cuatro años, parecido a una legislatura o a unos Juegos Olímpicos. El 21 millones fue lo que salió al combinar ese ciclo de tiempo con 50 monedas iniciales y un bloque cada 10 minutos. No fue el punto de partida: fue la consecuencia.
Y cuando alguien le preguntó directamente a Satoshi, en privado, por qué eligió esa cifra (en un correo de mayo de 2009 que solo se hizo público en 2024, en un juicio en Londres), esto es lo único que respondió:
“Mi elección del número de monedas fue una estimación razonada. Fue una decisión difícil, porque una vez la red arranca queda fijada para siempre. Quería elegir algo que hiciera que los precios se parecieran a los de las monedas existentes, pero sin saber el futuro, eso es muy difícil. Acabé eligiendo algo intermedio.”
Eso es todo. No hay fórmula secreta escondida. No hay coincidencia con la masa monetaria mundial que él mismo confirmara nunca. Lo único que dejó por escrito, de su propia mano, fue el ciclo de cuatro años.
La botella que se llena sin desbordar
En el meetup presencial esta parte se hace con las manos, con botellas de agua de colores. Aquí va la idea.
Una botella naranja, el protocolo, con una línea marcada por cada periodo de halving y, arriba del todo, el techo de los 21.000.000. Se va rellenando tramo a tramo, cada vez con la mitad de agua que el anterior:
| Periodo | Se añaden | Acumulado | Falta para 21M |
|---|---|---|---|
| 1 | 10.500.000 | 10.500.000 | 10.500.000 |
| 2 | 5.250.000 | 15.750.000 | 5.250.000 |
| 3 | 2.625.000 | 18.375.000 | 2.625.000 |
| 4 | 1.312.500 | 19.687.500 | 1.312.500 |
| 5 | 656.250 | 20.343.750 | 656.250 |
| 6 | 328.125 | 20.671.875 | 328.125 |
El agua se acerca a la línea de arriba… pero nunca la toca. Eso es exactamente lo que le pasa al suministro real de Bitcoin: no llega a 21.000.000 en punto, se queda en 20.999.999,9769 BTC. No es un fallo: es la firma matemática de que nadie, en ningún momento, tocó ese número a mano para redondearlo.
Al lado, botellas verdes, el banco central: sin líneas y sin techo, de distintos tamaños, que van apareciendo sobre la mesa cada vez que se narra un rescate real de 2008:
- Septiembre de 2008: quiebra Lehman Brothers. El gobierno de EE. UU. rescata a la aseguradora AIG con 85.000 millones de dólares.
- Octubre de 2008: EE. UU. aprueba el TARP, 700.000 millones de dólares para rescatar entidades financieras.
- Ese mismo octubre: el Reino Unido anuncia su propio paquete, 500.000 millones de libras para sus bancos.
- Diciembre de 2008: la Reserva Federal baja los tipos de interés al 0 % por primera vez en su historia. A partir de ahí, el grifo del dinero queda prácticamente abierto.
La botella naranja se acerca a una línea que nunca puede cruzar, de forma predecible desde el primer día: cualquiera podía calcular, ya en 2009, exactamente cuánta agua entraría en cada periodo, para siempre. Las botellas verdes no siguen ninguna línea: se van amontonando cada vez que alguien con autoridad decide que hace falta, del tamaño que a esa persona le parece adecuado en ese momento. La primera es un paraguas: te protege exista quien exista al otro lado. La segunda es una promesa, y las promesas se rompen justo cuando más falta hace que se cumplan.
El día exacto
Una última pieza, la que cierra el círculo con esos rescates.
El primer bloque de Bitcoin, el bloque génesis, se minó el 3 de enero de 2009. Y dentro de ese bloque, en el único lugar donde Satoshi podía dejar un mensaje de texto libre, escribió esto:
“The Times 03/Jan/2009 Chancellor on brink of second bailout for banks”
(“El Canciller, al borde de un segundo rescate para los bancos”)
No es una frase cualquiera. Es el titular real de portada de ese mismo día del periódico The Times de Londres. Contaba que el primer rescate bancario británico, el de 500.000 millones de libras de octubre de 2008, no había servido para reactivar el crédito, y que el gobierno se planteaba un segundo rescate. Nueve días después, el 12 de enero de 2009, ese segundo rescate llegó de verdad: al menos 50.000 millones de libras en crédito para grandes empresas, más un seguro estatal contra pérdidas bancarias cuyo importe real nunca se hizo público.
Satoshi no solo fechó el nacimiento de Bitcoin ese día. Dejó grabada para siempre, en la primera moneda que existió, la prueba de qué problema estaba resolviendo. Mientras un lado del mundo decidía cuánto dinero nuevo hacía falta imprimir para tapar el agujero de sus propios bancos, al otro lado nacía un sistema donde esa decisión, sencillamente, ya no era posible.
El paraguas
Las botellas verdes crecen porque alguien decide que toca un rescate y elige a ojo el tamaño de cada uno. Podría haber sido el doble, o ninguno. Eso es exactamente lo que ha pasado, de verdad, con cada moneda fiat de la historia: alguien con poder decide, y el resto convive con la consecuencia.
La botella naranja se acerca a la línea de los 21 millones y no la toca, tramo a tramo, sin que nadie pueda cambiar esa regla aunque quiera. Ni siquiera el propio Satoshi, una vez la red echó a andar.
Ese es el paraguas. No es que Bitcoin prometa protegerte de la próxima crisis, de la próxima inflación o del próximo rescate bancario. Es que, técnicamente, ya no depende de una promesa. La escasez no es una política que alguien pueda revisar en la próxima reunión del consejo. Es una regla matemática, escrita en un código que miles de personas de todo el mundo verifican a la vez.
Guardar tu riqueza bajo ese paraguas no te protege del sol ni de la lluvia. Te protege de la próxima vez que alguien, con la mejor intención del mundo, decida que hace falta imprimir un poco más.
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