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Profesores y estudiantes exigieron la renuncia inmediata del rectorado interino de la USB

La comunidad de la Universidad Simón Bolívar (USB) unificó sus reclamos el pasado viernes en una movilización interna celebrada en el campus de Sartenejas. Durante la jornada, la Federación de Centros de Estudiantes (FCE-USB), la Asociación de Profesores (Apusb) y la Asociación de Egresados exigieron de forma conjunta la destitución o renuncia de las actuales autoridades interinas de la institución, argumentando un abandono institucional sistemático.

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CaminArte le puso color, música y sabor a las calles de Colinas de Bello Monte

Ni el calor húmedo ni las pequeñas calles de Colinas de Bello Monte fueron impedimento para que más de 50.000 personas acudieran a la cuarta edición de CaminArte. Música en vivo, variada oferta gastronómica y arte de muchos géneros inundaron los 2.7 km de recorrido que contó con más de nueve horas de programación continua entre presentaciones y actividades para toda la familia.

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Héctor Rodríguez, el rostro “potable” para reinventar el Estado chavista

Héctor Rodríguez ha sido una de las figuras más constantes en las últimas dos décadas del chavismo. Desde dirigente estudiantil de la Universidad Central de Venezuela hasta gobernador del estado Miranda, Rodríguez ahora asume un nuevo rol dentro del oficialismo: ser el encargado de rediseñar la estructura de gobierno que ahora dirige Delcy Rodríguez.

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Simón Grossmann: Que mis canciones acompañen a las personas no tiene precio

Simón Grossmann es una persona optimista. Siempre ha elegido ver el lado bueno de las cosas, incluso cuando no resultan como le hubiera gustado. Esa forma de pensar, a veces, le ha jugado en contra y lo ha hecho pasar malos ratos; sin embargo, sigue eligiendo ver el lado positivo. Siempre. Creer en él y en lo que hace sin dejarle espacio a la duda. Sabe que las experiencias, buenas y malas, son necesarias para aprender y crecer.

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Carlos Rangel en tres tiempos

Me parecía necesario ese enfoque por el vaivén referencial de la obra de mi padre, a duras penas rescatada de las aguas de la marea rosada que cubrió a la región entre la última década del siglo anterior y la primera parte de este. En el contexto de los años 90 y algo más, la tesis de que Latinoamérica había sido, era y, si mantenía el rumbo, seguiría siendo un fracaso no sentaba bien con las élites intelectuales, dominadas por la izquierda ideológica.

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París, 1976

Esta conmemoración me trae al recuerdo el hecho casual de la publicación también en París, pero precedido de varias décadas, en 1924, de la novela de Teresa de la Parra Ifigenia. Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba. Los dos libros más destacados del pensamiento venezolano, que han significado un aporte indiscutible a la modernidad del país, se han gestado bajo influencia francesa y han sido editados primero en Francia antes que en Venezuela. Ambos han sido apadrinados por escritores franceses de renombre que también los han prologado. Ifigenia fue prologado y publicado bajo el cuidado de Francis de Miomandre, escritor célebre en su época, Premio Goncourt a los 28 años, y traductor de El Quijote al francés. Del buen salvaje al buen revolucionario contó con el apoyo decisivo del célebre filósofo, escritor y periodista Jean Fançois Revel, quien también escribió el prólogo.

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50 años después…

Conversamos largamente, mi padre y yo, sobre Del buen salvaje al buen revolucionario. Su opinión del libro seguía siendo magnífica, pero no estaba exenta de un cierto tono agridulce, diría incluso melancólico, porque era evidente que, a pesar de que la realidad había convalidado una y otra vez las ideas de Rangel sobre esa zona periférica de Occidente que llamamos América Latina, él sabía que moriría sin haber visto, salvo excepciones pasajeras, ese punto de inflexión, ese salto cultural e institucional, que permitiera esperar de la región el pleno desarrollo en un horizonte de tiempo razonable. Los mitos que habían embrujado ideológicamente a los latinoamericanos seguían allí, a pesar de tantos fracasos comprobados y de tantos ejemplos de éxito de países que en otras partes del mundo habían actuado a contrapelo de ellos. Esto daba al texto de Rangel una cualidad doble de índole contradictoria. De un lado, lo convertía, o más bien lo confirmaba, como un texto excepcional, en el sentido literal del término, y de otro lo colocaba, junto con algunos textos de otros autores “excepcionales”, como Octavio Paz, por ejemplo, dentro de esa reserva moral de escritos latinoamericanos cuyas enseñanzas no se habían traducido en el progreso de sus pueblos. No se trataba de una derrota definitiva, por supuesto, pues la historia con mayúsculas no está escrita y siempre cabe la posibilidad de que las buenas ideas —los conceptos de democracia liberal, Estado de Derecho, propiedad privada, libertad individual, libre comercio, libre empresa— arraiguen en nuestras tierras de manera sostenida y amplia, pero mi padre ya sabía que no le tocaría ver ese momento. “A mí tampoco”, le respondí yo, a pesar de la diferencia de edad (él era treinta años mayor que yo), con cierta resignación.

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El desafío de la madurez

Conocí a Carlos Rangel no solo como pensador, sino como interlocutor exigente. Fue, junto con Sofía Ímber, uno de quienes más me estimularon a emprender Primer Plano. No porque buscara adeptos ni discípulos, sino porque creía que la discusión pública debía elevarse, incomodar, romper la cómoda pereza de las explicaciones fáciles. Carlos no hablaba para tranquilizar conciencias; hablaba para despertarlas.

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Entrevista a un profeta

Francisco Santos: Don Carlos, usted fue antes que nada un intelectual liberal que decía y escribía las cosas que nadie quería oír o leer en los años 70 y 80 del siglo pasado. ¿Por qué fue tan criticado en ese entonces?

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Sin guía para perplejos: Volver

Nuestra consciencia, esa auto reflexión infinita, ha decorado los instintos con profusión barroca: los ha convertido en emociones que seguimos sin saber lo que son pero duelen igual.

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