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«San Juan to' lo tiene, san Juan to' lo da»: los tambores hablan del alma

Si hay algo en este mundo imposible de romantizar es el infame comercio, la trata negrera y la compra-venta de africanos, arrancados de su tierra natal, para traerlos a trabajar como esclavos a las posesiones americanas. A todos los imperios europeos eso les pareció una buena idea; no hubo nadie con poder que se opusiera y las únicas voces plañideras durante los siglos XVI y XVII fueron las de los frailes católicos Fr. Tomás de Mercado y Fr. Bartolomé de Albornoz, en el siglo XVI, y luego las de los jesuitas Alonso de Sandoval y san Pedro Claver, en el XVII, quienes describieron el horror de las condiciones inhumanas de los barcos negreros y defendieron la plena dignidad de los africanos, calificando la trata como un aberrante pecado mortal y exigiendo el inmediato fin de dicha práctica económica. El jesuita san Pedro Claver llegó más lejos, denominándose a sí mismo «el esclavo de los negros para siempre» y dedicando su vida a auxiliarlos en los muelles a los que llegaban los barcos con la humana mercancía.

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1810: El Partido Capitular de Valencia

Luego de los hechos políticos ocurridos en el mes de abril de 1810 en la ciudad de Caracas, la llamada Junta Superior de esa ciudad emitió un reglamento para elegir a los diputados que formarían parte del primer congreso nacional, el cual inició sus labores el 2 de marzo de 1811.

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Plantas medicinales de Guarenas en el siglo XIX (V)

En la anterior entrega se anunció que abordaría los usos del limón agrio y la verdolaga relacionados con el tártago y el pazote. Sobre el limón agrio o limón criollo (Citrus aurantifolia), Pompa señala que se usa como laxante para expeler lombrices y parásitos. Este autor (p. 126) indica que “Para expeler las lombrices de los niños de más de cuatro años, se les da el zumo de limón en dosis de una cucharada con cuatro o seis de aceite de tártago y de ocho a dieciséis de zumo de pazote, para tomar el todo en cuatro días, es decir, una cuarta parte de dicha preparación en cada día y en ayunas. A los de menos edad se les disminuye la dosis en proporción”.

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Obreros de Hiram Abiff: el amor, la generosidad, la bondad y la humildad (II)

Desde el punto de vista “iniciático” masónico, hare una reflexión sobre los cuatro pilares del corazón masónico: el amor, la bondad, la generosidad y la humildad como herramientas de transformación humana y social. Ahora bien, mi impresión sobre lo siguiente: El Amor, La Bondad, La Humildad y la palabra Dios, no se pueden definir, incluso nombrar, porque esta comprendida dentro de mi interior, y si se definen, no pasan de ser meras expresiones profanas. Este planteamiento toca el corazón mismo de la experiencia iniciática: el amor, la bondad, Dios, la generosidad y la humildad no son conceptos para disecar con la razón, sino vivencias que resuenan en el silencio del templo interior. Es una verdad íntima e irrenunciable, es la esencia vivida. No definiré el amor, describiré cómo se siente en el pecho cuando el hermano extiende la mano sin pedir nada a cambio. No nombrare la humildad, contare la anécdota de aquel masón anciano que, sabiendo más que nadie, escuchaba como un discípulo. Dios y el Amor: No puedo decir lo qué es. Sólo sé que cuando lo siento y lo comprendo, la escuadra ya no mide ángulos, mide distancias para acercarme. De la bondad: Intente nombrarla y desapareció. Mejor es observarla en el masón que cede su turno de palabra sin que nadie lo note. De la Humildad: Quien dice “soy humilde” deja de serlo. Quien la practica, ni siquiera recuerda que existe. No voy a definir el amor. Sería una insolencia. Tampoco voy a decir qué es la Bondad y Dios, ni cómo se mide la generosidad, ni en qué consiste la humildad. Quien intente encerrar estas realidades en palabras, las ahoga. La Masonería, escuela de silencio activo, me enseñó algo que ningún diccionario contiene: “lo más verdadero que habita en el ser humano no se nombra”. Se siente y “se comprende”. Se respira. Se trabaja en la piedra bruta del corazón, sin testigos. Cuando hemos sentido amor, no el que se declara en un poema. Ese otro: el que lo detuvo en seco frente al dolor de un desconocido. El que lo hizo compartir su pan sin preguntar nombre. El que lo puso de rodillas ante la fragilidad de un hijo, o ante la grandeza de un enemigo perdonado. Ese amor no necesita definición. Necesita silencio para reconocerse y comprenderse. En logia, cuando los hermanos se sientan en cadena, nadie dice “practiquemos el amor”, simplemente, se escuchan, y en ese escuchar sin interrumpir, sin juzgar, sin apurar la respuesta, algo ocurre. Ese algo no tiene nombre en ningún idioma. Pero quien lo ha sentido, ya no puede olvidarlo. La bondad tampoco se explica. Se muestra. ¿Cómo describiríamos la luz? No puede. Pero sabe que cuando entra a una habitación oscura, todo cambia. Así es la Bondad masónica. No es un acto heroico ni una campaña solidaria, es el masón que, sin que nadie lo vea, acomoda la silla del otro antes de sentarse. Es el hermano que calla su propio cansancio para preguntar: ¿cómo estás, como te sientes? y espera la respuesta de verdad. Lo curioso es que ya conocemos esa bondad, la hemos recibido sin saberlo. La hemos dado sin registrarlo. Porque en el fondo, no se aprende. Se recuerda. La Masonería no inventa la bondad, la desentierra, la quita del polvo de las teorías morales y la baja al taller, al martillo, a la piedra que pule al hermano de al lado. Por eso ningún masón puede decir “yo soy bondadoso”. Eso ya sería “soberbio”. El masón, a lo sumo, puede decir: hoy intenté no lastimar. Hoy intenté aliviar. Mañana no sé. Y esa humildad ante la propia bondad, esa conciencia de que uno no es dueño de lo que da, ya es el principio de algo más grande. La Generosidad es quizá la más engañosa. Porque la confundimos con dar cosas, con Caridad, con dinero, con tiempo, con recursos. Y eso también es generosidad. La Generosidad que la logia trabaja en silencio es otra: la de no exigir que el otro sea como uno quiere. La de regalar al hermano el derecho a equivocarse sin que nuestra decepción lo aplaste. Hemos sentido ese momento en que alguien nos falló y en lugar de reclamar lo que me deben, respiró hondo y pienso: él está en su camino. Yo estoy en el mío. No necesito que me pague. Eso es generosidad sin nombre. La que no espera retorno ni siquiera reconocimiento. La que se ejercita en secreto, como el masón que pule su piedra bruta en la soledad de su consciencia. Hay una generosidad aún más difícil: la que uno se da a sí mismo, perdonarse por no ser perfecto. Aceptar que la piedra cúbica no se termina en esta vida. Dejar de castigarnos por lo que aún no se logra. Porque el ser humano generoso consigo mismo, recién entonces puede serlo de verdad con los demás. No puedo dar una receta de cómo se logra eso. Pero ya lo hemos hecho. En algún momento, sin saberlo, fuimos generosos sin medir el costo. Y ese recuerdo, aunque no lo nombremos, sigue vivo en nuestra consciencia. La Humildad es la más paradójica. Porque apenas se nombra, se pierde. Quien dice “soy humilde” ya no lo es. La humildad masónica no es postrarse. No es decir “no valgo nada”. Eso sería falsa modestia, y a veces, hasta soberbia disfrazada. La humildad verdadera es simplemente saber el lugar que uno ocupa. Ni más, ni menos. Es nuestro nivel de estado de consciencia. El masón, cuando se pone el mandil, no se achica. Se recuerda. Recuerda que frente al Gran Arquitecto del Universo o frente al misterio de la existencia, si no le gusta esa imagen, todos somos aprendices. Siempre. Nosotros hemos sido humildes sin darnos cuenta, es nuestro reflejo del nivel de estado de consciencia. Cuando reconocimos un error ante alguien que podía humillarlo. Cuando prefirió aprender antes que tener la razón. Cuando escuchó a un niño como si fuera un maestro. Esa humildad no se postula: se vive. Y cuando se vive, se es “libre”: de hipocresía, de fanatismo, de dogmatismo, de ser ortodoxo y ambición desmedida. Porque el ser humano humilde no necesita demostrar nada. No compite. No mide su valía contra la del otro. Simplemente, trabaja su piedra. Y si alguien la mira y la encuentra hermosa, él sonríe para adentro, porque sabe que apenas empezó. En conclusion: no he definido nada, y sin embargo, quien lee esta columna, sabe a que me refiero. Porque el amor, la bondad, la generosidad y la humildad no son conceptos para entender, si no para “comprender”. Esta más allá de lo físico. No están afuera, en los libros ni en los discursos. Están adentro de nuestro ser, en ese lugar que a veces late distinto cuando ve injusticia. En esa mano que ya se ha extendido sin que la cabeza ordenara nada. La Masonería no nos enseña nada nuevo sobre estas cuatro realidades. Sólo nos va a recordar lo que ya sabemos, sin necesidad de nombrarlas. Porque lo más sagrado del ser humano no soporta ser dicho. Sólo soporta ser vivido. “Donde hay soberbia, allí habrá ignominia, mas donde hay Humildad, habrá sabiduría”. (Salomón – Proverbios 11:2).

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Tal día como hoy 20 de junio

Tal día como hoy. Por Fran Arreaza Ortega. Articulista, comunicador, educador y cronista especializado en efemérides de ámbito general. Columnista @elnacionalweb Contacto: @franarreaza

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Una foto, tres comunicados y preguntas

El señor a la izquierda en la imagen de este artículo es Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional 2026 y primera lengua de la República. La señora a la derecha, menos conocida, es Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional 2015, responsabilidad que asumió en 2023 y por lo que se ordenó su detención. El escenario es el Palacio Federal Legislativo, donde nadie -o casi- le tose al hermano de Delcy. El día: jueves 18 de junio.

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Brasil cumple los deberes al golear a Haití y empareja a Marruecos en el liderato del Grupo C

La pentacampeona del mundo desató el nudo y descomprimió la presión que tenía. Con dos goles de Matheus Cunha y otro de Vinícius Júnior, Brasil goleó por 3-0 a Haití en el estadio de Filadelfia. Tras el empate 1-1 contra Marruecos, los brasileños consiguieron los tres puntos que necesitaban. Por su parte, los haitianos fueron los primeros eliminados de la Copa del Mundo.

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Inameh prevé hasta 46 ondas tropicales sobre Venezuela

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) estima que durante la actual temporada de lluvias entre 41 y 46 ondas tropicales podrían incidir directamente sobre Venezuela, dentro de un total proyectado de entre 51 y 57 sistemas que se originarían en el Atlántico.

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El corazón histórico de Caracas se fortalece: Bancamiga se une a la protección del Museo Sacro y el Archivo Arquidiocesano

Detrás de cada documento antiguo, cada pintura religiosa y cada rincón del centro histórico de Caracas, hay una historia que nos define como venezolanos. Conscientes de la importancia de mantener vivas estas raíces, Bancamiga ha decidido dar un paso al frente para apoyar la operatividad del Museo Sacro de Caracas y del Archivo Histórico Arquidiocesano, asegurando que su valioso legado siga al alcance de todos.

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