ONG lanzan el movimiento "Quiero Elegir" para exigir elecciones en Venezuela
ONG lanzan el movimiento “Quiero Elegir” para exigir elecciones en Venezuela Un nuevo eslogan irrumpe en la crisis venezolana: “Quiero Elegir”. No es un partido, ni un candidato, sino una presión organizada para que, tras el limbo dejado por las cuestionadas presidenciales de 2024, haya una nueva elección con reglas claras.
Sociedad civil vs. poder establecido
Del lado ciudadano, el movimiento “Quiero Elegir” se presenta como una plataforma de ONG que exige “elecciones libres, competitivas y verificables” como única salida democrática a la crisis. Su manifiesto enfatiza el voto como “mecanismo fundamental para la recuperación democrática y la reconstrucción institucional del país”, reclama “condiciones electorales reales y verificables” y una “ruta política” para comicios de transición con garantías para todos los actores.
Otro medio describe la iniciativa como un “movimiento ciudadano que impulsa la ruta electoral para la transición democrática en Venezuela” y que busca “condiciones que permitan la realización de elecciones competitivas, verificables y con garantías para todos los actores políticos”.
Oposición política: el mismo reclamo, otro tono
La clase política opositora se monta sobre la misma ola, pero con retórica más confrontativa. Edmundo González subraya que las organizaciones ciudadanas muestran que “el espíritu de cambio en Venezuela no se apaga” y que la voluntad soberana del pueblo “no…” se rinde. Juan Guaidó conecta la demanda electoral con la urgencia de frenar la represión: “No podemos seguir permitiendo que se apaguen más vidas… Una sola exigencia: Libertad…”.
Desde el exilio, Leopoldo López insiste en que la transición será “por medio de elecciones libres. ¡Venezuela será libre!”. La dirigencia opositora repite el guion: unidad, presión internacional y comicios anticipados como salida.
Coincidencias y vacíos
Tanto ONG como líderes opositores confluyen en el mismo punto: sin elecciones creíbles, no hay transición. La diferencia está en el método: las primeras hablan de principios y garantías; los segundos, de épica, calle y denuncia. Lo que falta, en ambos discursos, es la otra mitad de la historia: la voz del poder que se resiste a perder el monopolio de decidir quién puede —y quién no— elegir.
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