Colombia invierte en proyecto de interconexión eléctrica con Venezuela
Colombia invierte en proyecto de interconexión eléctrica con Venezuela Colombia apuesta miles de millones a la interconexión eléctrica con Venezuela justo cuando Caracas aún prende y apaga a golpes de racionamiento. ¿Puente de energía limpia o cable de alto voltaje político?
El relato oficial: integración, desarrollo y energía limpia
Para el gobierno de Gustavo Petro, Vichada es la nueva bisagra energética con Miraflores. El Ministerio de Minas y Energía anunció la planta solar El Merey, de 5 MW, para reducir diésel en Puerto Carreño, mejorar la cobertura local y “fortalecer la interconexión energética con Venezuela”. La inversión en el departamento supera los 89.000 millones de pesos, con soluciones solares, ecoescuelas y ampliación de redes en una de las zonas más aisladas del país.
El ministro Edwin Palma insiste en que “el Vichada está llamado a convertirse en un territorio estratégico para la integración energética de Colombia con Venezuela” y que la interconexión binacional “es una realidad sobre la que estamos avanzando para fortalecer la confiabilidad del servicio [y] impulsar el desarrollo económico de la región”. En la misma línea, subraya que mientras se avanza en la integración, “también estamos transformando la vida de las comunidades con inversiones en energía limpia”.
La otra cara: riesgos, prioridades y un socio en crisis
Los críticos ven otra película. Señalan que acercarse al sistema eléctrico venezolano —marcado por “crisis eléctricas crónicas y problemas de gobernanza”— puede importar inestabilidad a Colombia, sin garantías de pago ni de suministro confiable.
También advierten sobre las sanciones de EE. UU.: proyectos de interconexión y exportación de energía han encendido alertas por posibles choques con la OFAC, hasta el punto de que empresas como ISA han negado acuerdos directos por riesgos legales y reputacionales.
Mientras Bogotá presenta la inversión como una palanca de “hermandad entre nuestros pueblos”, voces opositoras preguntan por qué priorizar un megaproyecto binacional con un vecino políticamente tóxico cuando Colombia aún tiene amplias brechas internas de cobertura y confiabilidad eléctrica.
En resumen: para el gobierno, Vichada es la puerta de entrada a una integración verde y estratégica; para la oposición, puede ser la próxima factura impagada de la geopolítica bolivariana.
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