Fallece el histórico dirigente cubano Ramiro Valdés Menéndez

El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, figura clave en la historia de Cuba desde 1959, falleció en La Habana a los 94 años. Valdés fue fundamental en la creación de los aparatos de seguridad e inteligencia del Estado cubano. Su muerte ha generado reacciones tanto en Cuba, donde el presidente Díaz-Canel lamentó su partida, como en el exilio y en el gobierno de Venezuela.
Fallece el histórico dirigente cubano Ramiro Valdés Menéndez

Fallece el histórico dirigente cubano Ramiro Valdés Menéndez La muerte de Ramiro Valdés Menéndez, a los 94 años en La Habana, no solo cierra la biografía de uno de los últimos comandantes históricos de 1959: también desnuda la grieta total sobre lo que significó su poder, dentro y fuera de Cuba.

Héroe fidelísimo para La Habana y Caracas

En la narrativa oficial, Valdés es un pilar intachable de la Revolución. Medios afines lo presentan como “figura central y pilar histórico de la Revolución Cubana”, Héroe de la República y del Trabajo, con una “carrera de servicio ininterrumpido a la nación” vinculada al Moncada, el Granma y la Sierra Maestra.

Miguel Díaz-Canel lo despidió como a un padre político: su “partida física […] duele profundamente, como la de un padre”, subrayando su “fidelidad absoluta al liderazgo de Fidel y Raúl” y su “ejemplar consagración al servicio de la Patria”. Un comunicado venezolano calcó ese tono solemne, resaltando su “larga trayectoria” y una actuación “vinculada a momentos fundacionales de la vida política y social” cuya impronta “forma parte del legado histórico de Cuba”.

Verdugo y arquitecto del miedo para la oposición

Para la prensa crítica, la misma biografía tiene otro título: “comandante histórico y artífice del aparato represor cubano”. Se lo recuerda como apodado “El Carnicero de Artemisa” por su papel “determinante en la construcción y acción del aparato represivo cubano” y del sistema de vigilancia que “impide a los cubanos expresarse libremente sin consecuencias”.

Medios opositores lo describen como “el histórico represor del castrismo y hombre fuerte de la dictadura cubana”, responsable de crear la inteligencia del Estado —el célebre G2—, señalada durante décadas por “espionaje, persecución y represión contra opositores del comunismo”. Otro perfil subraya que fue uno de los hombres “más poderosos del aparato político y de seguridad del país”, con influencia sobre defensa, telecomunicaciones e infraestructura, y uno de los últimos grandes caciques del régimen.

De La Habana a Caracas: aliado o virrey

Incluso Venezuela se divide sobre su legado. Mientras comunicados oficiales lo tratan como un referente “de larga trayectoria” y socio estratégico de Cuba, la prensa crítica local lo presenta como “el ‘virrey’ de Cuba que ayudó a construir el aparato de control del chavismo”, operador clave de la penetración cubana en inteligencia, sistemas de identificación, telecomunicaciones y vigilancia política.

Entre héroe revolucionario y engranaje del terror de Estado, Ramiro Valdés muere sin reconciliar esas dos versiones de su historia. Esa batalla, a juzgar por las reacciones, apenas comienza.

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