John Barrett se reúne con Dinorah Figuera y ratifica apoyo de EE.UU. a la AN de 2015
John Barrett se reúne con Dinorah Figuera y ratifica apoyo de EE.UU. a la AN de 2015 Washington volvió a mover sus fichas en Caracas: la reunión de John Barrett con Dinorah Figuera reanima a la oposición institucional… y enciende las alarmas de quienes ven en EE. UU. el verdadero hegemón de la política venezolana.
Washington: reconciliación en tres fases vs. continuidad chavista
Para la Embajada de EE. UU., el mensaje es claro: la Asamblea Nacional de 2015 sigue siendo “la última institución democrática reconocida por los EEUU”. Barrett prometió “seguir apoyando estos esfuerzos… en favor de una reconciliación política, un elemento clave del plan de tres fases impulsado por el presidente Donald Trump y secretario Marco Rubio”.
Runrunes, La Patilla y El Pitazo coinciden en el parte oficial: Washington ratifica el apoyo a la AN de 2015 y a una “solución política” basada en diálogo, negociación y un nuevo CNE creíble.
Oposición institucional: aval externo y cálculo interno
Para Figuera, el viaje no es campaña sino misión: “Mi papel es institucional… No tengo aspiración política. Quiero un cambio de convivencia para el país”, insistió al defender una ruta hacia garantías electorales y un CNE “donde no haya ninguna duda”. Su agenda, coordinada con el Departamento de Estado, incluye sentarse incluso con Jorge Rodríguez, un gesto “difícil, pero necesario” para abrir el camino a institucionalización, seguridad y estabilidad.
El guiño de Washington desata aplausos en la vieja élite opositora: Juan Guaidó amplifica el mensaje de Barrett —“Fue un gusto reunirme en Caracas con Dinorah Figuera…”— y lo acompaña con un elocuente “🇺🇸🤝🏽 🇻🇪”.
Críticos opositores: ¿transición o tutela?
Pero dentro de la propia oposición hay trago amargo. En El Nacional se advierte que tras el 3 de enero emergió un “nuevo actor político… los Estados Unidos”, convertido en hegemón por su capacidad de “determinar el decurso presente y futuro del país”. La llamada “Operación Dinorah” es vista como positiva porque rompe la inercia y empuja un proceso negociado con nuevo CNE y TSJ, pero también como una operación “concebida, organizada y facilitada por Estados Unidos” que margina al liderazgo democrático visible y genera desconfianza.
Otro articulista remata el contraste: democratizar Venezuela será “un trago amargo, complejo, pero necesario”, con Figuera llamada por Michael Kozak —veterano de la transición nicaragüense— para dialogar con sus propios perseguidores, a la manera de Chamorro u Ortega o de la Sudáfrica de Mandela.
Entre reconciliación guiada y soberanía condicionada, la foto Barrett–Figuera marca el inicio de una transición que será, a la vez, oportunidad… y prueba de fuego para toda la clase política.
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