Análisis sobre el giro a la derecha en la política de América Latina
Análisis sobre el giro a la derecha en la política de América Latina El péndulo político latinoamericano vuelve a dispararse hacia la derecha, pero mientras unos celebran “el fin de la izquierda”, otros advierten que lo que se agota no es la justicia social, sino sus peores caricaturas.
Dos lecturas de un mismo mapa electoral
Para los articulistas opositores, el giro es casi una sentencia histórica: “¿La izquierda se despide de América Latina?” preguntan, viendo en Colombia y Perú la confirmación de una oleada neoliberal que barre el continente. El nuevo elenco de poder se describe como una “larga lista de los gobiernos democráticos de derecha, que ahora son amplia mayoría en Iberoamérica”, con Colombia y Perú sumándose al bloque conservador regional.
En esta mirada, lo que muere no es cualquier izquierda, sino, sobre todo, las “dictaduras castroestalinistas” del siglo XX, a las que se contrapone una socialdemocracia de corte europeo más compatible con la democracia liberal. El avance de la derecha se presenta como una corrección histórica frente a los regímenes autoritarios que se reivindicaban de izquierda.
Fin de ciclo o “fin de la historia” recalentado
Los mismos analistas coquetean con reponer la tesis de Francis Fukuyama sobre el triunfo definitivo de la democracia liberal y el capitalismo occidental, preguntándose si ese “fin de la historia” es ahora aplicable a América Latina. En esa clave, la derrota del candidato de Gustavo Petro en Colombia y de la izquierda en Perú —a manos de Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori— se lee como la confirmación de un modelo único vencedor.
Sin embargo, la propia descripción del tablero revela matices: se admite la existencia de izquierdas diversas —del castrismo al PT brasileño o el Frente Amplio uruguayo— y la persistencia de gobiernos progresistas en Brasil y Uruguay. Más que un triunfo irreversible, el panorama parece otro capítulo del péndulo latinoamericano: cambia el signo ideológico, pero la disputa de fondo —democracia versus autoritarismo, desigualdad versus mercado— sigue lejos de resolverse.
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