Los demócratas rompen el muro republicano y ponen a Trump contra las cuerdas

Las proyecciones dan a los demócratas el control de la Cámara de Representantes, un vuelco que convierte al Congreso en un freno directo para la agenda de Donald Trump, aunque el Senado sigue abierto.
Los demócratas rompen el muro republicano y ponen a Trump contra las cuerdas

Los demócratas rompen el muro republicano y ponen a Trump contra las cuerdas
Las proyecciones de CNN y NBC News confirmaron que los demócratas arrebataron a los republicanos el control de la Cámara de Representantes, un resultado que altera de inmediato el equilibrio de poder en Washington. NBC proyecta 244 escaños para la oposición, muy por encima de los 218 necesarios para dominar el hemiciclo.

El cambio no es solo aritmético. La nueva mayoría permitirá a los demócratas bloquear buena parte de la agenda legislativa de Donald Trump y convertir la Cámara en un contrapeso directo a la Casa Blanca. La oposición necesitaba sumar apenas cuatro escaños netos, después de partir de una composición de 219 republicanos, 214 demócratas y dos vacantes.

La lectura política también apunta a un plebiscito sobre la gestión presidencial. El coste de la vida, el precio de la gasolina, los aranceles y los efectos de la guerra con Irán aparecen entre los factores que habrían erosionado el respaldo a Trump. El resultado abre además la puerta a que Hakeem Jeffries se convierta en el primer presidente afroamericano de la Cámara.

Pero el vuelco demócrata en la Cámara no equivale a un control total del Congreso. En el Senado, los republicanos conservaron bastiones como Virginia Occidental, Wyoming y Tennessee, mientras Florida siguió siendo una contienda ajustada: Ashley Moody retuvo su escaño por apenas tres puntos.

El mapa estatal ofrece señales igualmente mixtas. Los demócratas ganaron terreno con Roy Cooper en Carolina del Norte, Annie Andrews en Carolina del Sur y Keisha Lance Bottoms en Georgia; al mismo tiempo, el republicano Byron Donalds conquistó la gobernación de Florida. La conclusión es clara: Trump pierde el control de la Cámara, pero la batalla por el rumbo político del país continúa abierta.

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