Venezuela celebra el repunte petrolero, pero la oposición recuerda la brecha histórica

El Gobierno presenta el aumento de la producción como señal de recuperación y motor de inversión, mientras la oposición advierte que el nivel actual sigue muy por debajo del registrado antes del colapso de la industria.
Venezuela celebra el repunte petrolero, pero la oposición recuerda la brecha histórica

Venezuela celebra el repunte petrolero, pero la oposición recuerda la brecha histórica
El Gobierno venezolano convirtió el repunte de la producción petrolera en una señal de recuperación económica. La presidenta Delcy Rodríguez informó que el promedio de octubre fue de 1,244 millones de barriles diarios y que el cierre más reciente alcanzó 1,251 millones, un crecimiento interanual del 8,5%.

La explicación oficial combina dos factores: el esfuerzo de la industria nacional y la activación progresiva de acuerdos con empresas extranjeras. Caracas asegura haber firmado 80 convenios de hidrocarburos y proyecta hasta 76.000 millones de dólares de inversión en los próximos cinco años, con Chevron como uno de los principales socios. Para Rodríguez, el petróleo debe arrastrar al resto de la economía: “La recuperación económica va de la mano de la producción petrolera”.

La perspectiva oficial también apuesta por un efecto inmediato sobre el empleo y los proveedores. Según el Gobierno, la llegada de nuevas plataformas de perforación y el crecimiento de la actividad petrolera estimularán sectores como la agroindustria, el comercio y la hotelería. La administración sostiene además que el mayor impulso comenzará en diciembre, cuando se activen más acuerdos.

La lectura difundida desde la oposición es menos triunfalista. Aunque recoge el aumento anunciado y la cifra de 1,251 millones de barriles, pone el dato en contexto: Venezuela todavía estaría muy lejos de los 3,1 millones de barriles diarios que producía en 1998. Esa comparación transforma el 8,5% en un avance parcial, no en una recuperación plena.

El punto de coincidencia es el papel central de la inversión extranjera y los acuerdos internacionales. La diferencia está en su interpretación: para el Gobierno, son la plataforma de un nuevo ciclo productivo; para la oposición, el crecimiento debe medirse contra el desplome histórico de la industria y no solo contra el resultado del último año.

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