El acuerdo militar de Trump en Venezuela promete estabilidad, pero amenaza con tutelar la transición
El acuerdo militar de Trump en Venezuela promete estabilidad, pero amenaza con tutelar la transición
La administración de Donald Trump negocia con el gobierno de Delcy Rodríguez un acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas estadounidenses (SOFA), destinado a fijar el marco legal de una eventual presencia militar prolongada en Venezuela. El número de efectivos, sus ubicaciones y la duración de la misión todavía no están definidos. Washington sostiene que estos acuerdos, firmados con más de un centenar de países, pueden cubrir visitas navales, entrenamiento, ejercicios y asistencia humanitaria; un funcionario del Departamento de Estado aseguró que cualquier debate serio sobre bases militares aún está lejos.
Para la perspectiva opositora, el despliegue podría ser un escudo durante la transición. Tropas estadounidenses ayudarían a disuadir a grupos armados, proteger operaciones estratégicas y crear condiciones de seguridad para unas elecciones competitivas. Esa lectura encaja con el respaldo estadounidense a una agenda “venezolano-dirigida” para avanzar hacia la estabilidad, la democracia y la recuperación nacional.
Pero el mismo mecanismo que ofrece seguridad puede alterar el equilibrio político. Una presencia permanente daría a Washington capacidad de presión sobre las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia y las decisiones del gobierno transitorio. La pregunta central, según el análisis opositor, es cuánto margen conservaría la ciudadanía si las garantías dependieran de una potencia extranjera.
El choque también es jurídico y simbólico. La Constitución prohíbe bases militares extranjeras, aunque permite a la Asamblea autorizar misiones militares; por eso, cooperación y permanencia no son automáticamente equivalentes. El giro resulta especialmente incómodo para el chavismo: Hugo Chávez exigía en 2009 que Estados Unidos retirara sus “bases Yankee” de Colombia. Ahora sus sucesores negocian cuánto podrían quedarse los militares estadounidenses. La prueba definitiva no será la duración del acuerdo, sino si ayuda a devolver el poder a instituciones democráticas o termina administrando su destino.
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