La Pampa y el BCRP
¿Por qué a los bitcoiners nos interesa La Pampa? Por la misma razón por la que nos atrae Bitcoin. Para entender el problema de la Pampa no basta con identificar los impactos socioambientales de esta forma de extracción aurífera, ni con abogar por un cambio de mentalidad que reemplace la ambición personal por el respeto a los Derechos Humanos; hace falta entender los incentivos sociopolíticos de fondo que la promueven y que obstaculizan los intentos de solución.
¿Quiénes son los grandes beneficiarios de última instancia? No son los operadores de dragas, no son los dueños de los terrenos, no son los dueños de las maquinarias, ni las mafias público-privadas que conforman el sector. Tampoco son los políticos corruptos que reciben coimas para hacerse de la vista gorda, ni los intermediarios entre los extractores y los comprados; no son tampoco quienes blanquean el oro ilegal mezclandolo con el lega, ya sea en Perú, Bolivia, Brasil o donde fuera.
Los grandes beneficiarios son los bancos centrales del mundo que, a través de compañías vinculadas, por ejemplo, con el London Bullion Market, la asociación autoproclamada como la “autoridad mundial de metales preciosos” y su engañoso “good delivery list”, compran el metal a precio de ganga (a un precio spot muchísimo menor que su precio social), para aumentar sus reservas soberanas del metal frente a la desdolarización. Polonia, Kazajistán, Brasil, China, Turquía, etc… ¡absorben mucho más de ese valor el propio BCRP!
Nuevamente, el Banco de Pagos Internacionales, como banco central de bancos centrales, es la entidad final que absorbe el valor generado por la minería ilegal, y cuyo costo real es pagado por las miles y miles de personas afectadas por la contaminación, la esclavitud, la explotación sexual y la muerte. Y el consumidor de a pie, nosotros, con nuestra dependendencia de un sistema caduco, el petrodólar como una warcoin, demandamos, con cada transacción, una bala más en la cabeza de alguien, un litro de mercurio más en los ríos amazónicos y una esclava sexual más en La Pampa.
Bitcoin arregla esto. No porque elimina la demanda de reserva de valor, sino porque la redirige hacia un activo cuya ‘extracción’ (minería de Prueba de Trabajo) no puede tercerizarse en una selva controlada por una mafia armada, porque no hay mina física que ocupar ni ruta de contrabando que sobornar. El costo energético de minar Bitcoin es completamente independiente de cualquier costo socioambiental por extracción de oro. Sin embargo, el propio BCRP (miembro del mismo club institucional que Polonia, Kazajistán, Brasil, China y Turquía) mantiene el 95% de sus reservas en activos denominados en dólares, haciéndose de la vista gorda frente al oro que produce su propio territorio.
Y el peruano de a pie, con la cabeza llena de pelotas de fútbol, comida chatarra y cervezas, no solo no se pregunta por qué su banco central no compra ni una onza del oro que sale de su propia selva, además, celebra la magnanimidad de un funcionario cuyo mérito reconocido (casi tres décadas de inflación bajo control) nunca se puso a prueba frente a la pregunta más simple: ¿por qué el país que produce el oro no se queda con nada de él?
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