Crónica del 2º Encuentro de Bitsofía — 26.03.26
- El tronco y las ciudadelas
- El dilema del cristal: ¿Privacidad o Confianza?
- Del crédito antiguo al “dinero inconfesable”
- Nostr, IA y la responsabilidad de filtrar
- Educación vs. Adoctrinamiento
- Agorismo: La rebelión de las cosas pequeñas
- El cierre: Un alpinista optimista
# Crónica del 2º Encuentro de Bitsofía
26 de marzo de 2026
El aire en la sala pesaba de una forma agradable, cargado con el vapor del caldo de huesos de vacas de pasto que Kilo había servido, un recordatorio físico de la vuelta a lo esencial. Sobre la mesa, el contraste era perfecto: la dulzura del chocolate y las fresas convivían con la textura rústica del bizcocho de maíz gallego que MariAnn ofrecía como preámbulo a la batalla intelectual. Mientras los miembros de Bitsofía brindaban, se sellaba un compromiso digital: la creación de un perfil en Nostr, mientras MariAnn discutía cómo debía ser el Bastón de la Palabra, el objeto físico que otorgaría el turno en sus futuros debates.
El tronco y las ciudadelas
MariaAnn fue la encargada de plantar la semilla del debate. Bitcoin, explicó, no es solo una moneda; es un eje troncal. De él nacen ramificaciones que responden a intereses humanos diversos —desde la técnica hasta la filosofía— y que terminan por desembocar en Ciudadelas.
Rafa recogió el guante para profundizar en la esencia de estas estructuras: la ciudadela Bitcoin no es solo un refugio físico, sino una red de intercambio que no depende del permiso del Estado. Habló del “efecto red”, esa ley (conocida como Ley de Metcalfe) que dice que el valor de una red aumenta exponencialmente con el número de usuarios conectados.
Sin embargo, Betecé lanzó la pregunta incómoda que siempre sobrevuela estos círculos: “¿Cómo conseguimos que venga gente nueva?“. La respuesta de Maria fue un regreso a las raíces: hay que entender la historia monetaria. No se puede entender a dónde vamos sin el paper original de Satoshi y sin comprender cómo el dinero ha sido usado y abusado a lo largo de los siglos.
El dilema del cristal: ¿Privacidad o Confianza?
Aquí surgió la primera fricción necesaria. Morfeo admitió que le “chirriaba” la falta de anonimato total en la blockchain. Kilo, con pragmatismo, le replicó que la trazabilidad es una realidad técnica con la que hay que aprender a lidiar. Pero fue más allá: la transparencia puede ser un valor si se entiende como un sistema de confianza. Saber de dónde viene el valor permite construir redes de reputación.
Andro asintió, argumentando que esa visibilidad es, en última instancia, un escudo contra la mala praxis; una luz que desinfecta.
Astrid le dio el giro político. Para ella, Bitcoin fue un despertar ante la capacidad del establishment para cancelar o censurar a cualquiera. Esta comprensión ha permeado su vida entera: descentralizar el consumo, elegir a quién se compra y qué se ingiere. Es la soberanía aplicada al plato y a la billetera.
Del crédito antiguo al “dinero inconfesable”
Rafa intervino con una lección de antropología económica. Recordó que, contra la creencia popular de que el trueque fue lo primero, la historia nos dice que el inicio de todo fue el crédito (como bien sostiene David Graeber en sus tratados). El valor de Bitcoin, decía Rafa mientras mencionaba el uso de pepitas de oro en Venezuela, es su portabilidad. Nadie puede impedirte moverlo.
Ante las dudas de privacidad de Morfeo, Rafa mencionó las herramientas de ofuscación y las capas secundarias que permiten recuperar la intimidad.
Betecé entonces puso un ejemplo que dejó a todos pensativos: el caso de un mafioso que, tras 15 años de cárcel, salió a la calle con 35 millones de dólares en Bitcoin. “Es un dinero inconfesable”, apuntó. El Estado puede quitarte el cuerpo, pero no tus llaves privadas.
Esto abrió un melón ético: ¿Cómo coarta la sociedad la libertad del criminal sin caer en el autoritarismo del Estado? Rafa propuso mirar al Renacimiento. En las ciudades-estado, los Médici y otros usaban mercenarios (los condottieri), pero el peligro era que estos acababan “subiéndose a las barbas” de quienes los contrataban. Su propuesta para el siglo XXI es técnica: contratos inteligentes y escrows con firmas múltiples. Si no cumples el contrato, no hay dinero. Es la ley escrita en código, no en la voluntad de un político.
Nostr, IA y la responsabilidad de filtrar
La charla derivó hacia la gobernanza en Nostr. Tierra se preguntaba cómo gestionar el contenido malicioso. Kilo explicó que la solución es horizontal: listas negras compartidas por los usuarios y relays que filtran el spam. Además, señaló que la IA nos pone a todos en un nivel de igualdad de sabiduría; la clave no es temerle, sino diversificar para no entregarle nuestra vida entera a una sola entidad.
Andro fue tajante: “La libertad conlleva responsabilidad”. Si no quieres ver basura, construye tu lista negra. Es una decisión individual, no una imposición de un moderador central.
Mussol aportó una visión casi biológica: para que esto funcione, los relays deben formar “universos pequeños”, comunidades manejables donde la confianza sea real.
Astrid lo comparó con la diferencia entre WhatsApp (censurado y capado) y Telegram, donde la libertad exige que el usuario sea quien decida dónde entrar.
Educación vs. Adoctrinamiento
Betecé golpeó la mesa con una verdad incómoda: nada de esto funciona sin educación. “El anarquismo solo se da en una sociedad educada”, dijo, citando el pensamiento clásico libertario. Propuso crear estructuras autogobernadas que transmitan valores, lejos de los exámenes cerrados del Estado. Pero también lanzó un reto logístico: ¿Cómo fabricamos un avión o un coche Seat (que requiere 15,000 personas) en una economía pequeña y circular?
Maria respondió con la lógica de la escala: el problema es que hemos hecho el mundo “ingobernable” por su tamaño. ¿Realmente necesitamos dos o tres coches por casa? La solución, para ella, es empequeñecer la estructura, no intentar escalar el caos.
Tierra cerró este bloque con una reflexión sobre la tolerancia: libertad es aceptar que otros publiquen cosas que nos parecen inmorales; la responsabilidad es nuestra al decidir no mirarlas.
Agorismo: La rebelión de las cosas pequeñas
El debate llegó a su punto álgido cuando se habló de los valores universales. Morfeo recordó que no existen tales valores: lo que para una sociedad es sagrado, para otra es aberrante. Los valores son individuales.
Aquí, Kilo propuso una estrategia de guerrilla cultural: “No hay que derrocar al Estado, hay que competir contra él”. Si el Estado prohíbe la educación o, como señaló Dona con humor, la psilocibina, es ahí donde hay que poner el foco y la acción.
Andro habló de generar una “contraeconomía” para que el Estado muera de inanición por falta de impuestos.
Astrid entonces puso nombre a la teoría: Agorismo. Esta corriente, creada por Samuel Edward Konkin III, propone que todas las relaciones humanas deben ser por intercambios voluntarios, ignorando al Estado. Astrid abogó por la creatividad y la “picardía” de lo pequeño: empezar con cuatro personas, crear un pueblo, expandirse.
Rafa matizó que el poder siempre intentará centralizarse, pero el agorismo nos da la “simetría” necesaria para ser inmunes a esa fuerza, incluso sin usar la violencia.
Betecé advirtió que el camino será duro: David contra Goliat. El Estado caerá por desbordamiento, y cuando eso pase, necesitaremos estructuras de apoyo (abogados, redes, suministros) para no ser arrastrados por la caída.
El cierre: Un alpinista optimista
MariAnn, con la sabiduría de quien sabe esperar, recordó que el cambio no se puede forzar con una docena de personas. El cambio llegará cuando la masa crítica sufra lo suficiente para buscar una salida.
Mientras tanto, Tierra inyectó una dosis de lo que llamó “Hardcore Happiness”: “Cuanta más presión, más innovación”. Se declaró pro-cosas, no anti-nada, y pidió al grupo ser más optimista.
Morfeo, contagiado, admitió estar de acuerdo con todos y mencionó su colaboración con el canal “Indomable”, donde se enseñan acciones fuera del sistema.
Kilo pidió pasar a la acción ya: minería personal y familiar para asegurar la red y tener criterio propio.
Andro propuso estudiar la desobediencia civil pacífica, citando ejemplos que aparecen en podcasts de figuras como Juan Ramón Rallo, donde se muestra que se puede ganar sin enfrentamiento directo.
Astrid cerró con una imagen poderosa: el coyote puede ser fuerte, pero la liebre siempre irá por delante por pura creatividad. Mencionó a Enric Duran (el “Robin Hood de los bancos”) y las cooperativas como ejemplos de que se pueden crear redes que respondan.
Rafa puso el ejemplo real de un convento en Berga que visitó: un espacio sin propietarios, gestionado por artistas y activistas repudiados, que funciona al margen de la política tradicional. “Hay que buscar sitios físicos para intercambiar”, concluyó.
Finalmente, Betecé anunció el MercaSats para el 9 de mayo en Bitsofía (la Gatera), un prototipo de esta nueva economía. Comparó la labor del grupo con la de los Trovadores que, pueblo por pueblo, encendían fuegos para esparcir historias.
Kilo, emocionado, cerró diciendo que eran las mejores personas que había conocido. Rafa, con su chispa habitual, soltó: “¡Imagínate lo que habrá conocido si cree que nosotros somos lo mejor!“. Mussol sonrió, afirmando que el optimismo se le había pegado a la piel. Astrid dio el carpetazo final: “Pongamos en práctica todo esto. Es un gran principio”.
Entre risas, palomitas, chocolate, la tarde en Bitsofía terminó.
#El tiempo se detuvo a las 20:31
La recopilación de datos primarios se realizó mediante observación participante y transcripción en vivo por la investigadora Dona, quien capturó las ideas clave y palabras clave del debate de Bitsofía durante las más de dos horas de duración. Posteriormente, se utilizó el modelo de lenguaje Gemini (versión 3 Flash, Google) como herramienta de apoyo editorial para estructurar narrativamente dichos apuntes en formato párrafo, bajo el estricto control y verificación de la investigadora, garantizando la fidelidad conceptual.