La caída de Nicolás Maduro —y esperemos que de todo el régimen también— es inminente. Los venezolanos debemos tener claridad sobre cuál es el marco jurídico que otorgará legitimidad a la travesía hacia la consumación definitiva de la democratización. Ese marco no puede ser otro que la Constitución de 1999, norma suprema que, aun profanada, mantiene su vigencia moral y jurídica. Ella será la brújula que oriente la reconstrucción institucional, el restablecimiento de la justicia y el renacimiento del republicanismo en Venezuela. Este texto inaugura una serie de tres artículos: Constitución: veinticuatro horas después de Maduro; Constitución: treinta días después de Maduro; y Constitución: cien días después de Maduro. En este primero me detengo en lo inmediato, en las primeras veinticuatro horas del día después.