El Gran Desacoplamiento: Por qué los mercados financieros se globalizan mientras las economías reales se mantienen locales.
Un reciente análisis del Banco de Francia, basado en un exhaustivo estudio de 70 años de datos macroeconómicos de más de 40 países, revela una transformación fundamental en la naturaleza de los ciclos económicos mundiales. La investigación, que abarca desde 1950 hasta 2019, desafía la narrativa convencional de que la globalización ha homogeneizado por completo las economías, exponiendo en cambio una creciente divergencia entre el comportamiento de los mercados financieros y el de las economías reales.
El hallazgo más significativo del estudio es lo que los autores denominan un “desacoplamiento” entre precios y cantidades. Mientras que los precios de los activos —como la inflación, los precios de las acciones y los rendimientos de los bonos— muestran una sincronización cada vez mayor a nivel mundial, las variables reales, como el crecimiento del PIB y la expansión del crédito, mantienen una correlación sorprendentemente baja entre países. Esta tendencia se ha intensificado desde la crisis financiera global de 2008, sugiriendo que los shocks sistémicos recientes han profundizado esta división en lugar de revertirla.
El análisis histórico muestra que la sincronización de los precios de los activos ha aumentado de manera constante desde la década de 1950. En contraste, la sincronización del PIB y el crédito se ha mantenido notablemente estable a lo largo del tiempo, e incluso ha disminuido en el período posterior a la crisis financiera. De manera reveladora, durante los períodos de “normalidad” económica, excluyendo crisis como la del petróleo de 1973-83 y la financiera de 2007-10, el ciclo mundial explica menos del 20% de la varianza del crecimiento del PIB en el país mediano.
El estudio también explora el papel diferenciado de la apertura comercial y financiera. La integración comercial se asocia con una mayor contribución del ciclo mundial a las fluctuaciones domésticas, tanto en la actividad económica como en los precios de los activos. Sin embargo, los efectos de la integración financiera son más complejos: una mayor apertura financiera se correlaciona con una mayor correlación en el movimiento de los precios de los activos con el ciclo financiero mundial, pero con una correlación más débil en el movimiento de la actividad económica con el ciclo económico mundial.
Para explicar esta aparente paradoja, los autores proponen un mecanismo basado en un modelo de equilibrio general de dos países. La apertura financiera facilita la diversificación y distribución del riesgo, lo que tiende a alinear los precios de los activos entre países. Simultáneamente, incentiva la adopción de tecnologías de producción más especializadas y rentables, aunque expuestas a un mayor riesgo. Esta doble tendencia —mayor riesgo y mayor especialización— reduce naturalmente la sincronización del PIB doméstico.
Las implicaciones para la política económica son profundas. Este desacoplamiento desafía ideas convencionales, demostrando que los ciclos mundiales no requieren plena apertura financiera; ya existía una sincronización significativa de los precios de los activos bajo el sistema de Bretton Woods, a pesar de los controles de capital. Más importante aún, la divergencia complica la conducción de la política monetaria: estabilizar simultáneamente los objetivos tradicionales (inflación y ciclo económico) significa manejar fuerzas que progresivamente están menos correlacionadas. Esto sugiere que las opciones de política monetaria deben considerar cuidadosamente si los factores determinantes son domésticos o globales.
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FUENTE: What do 70 years of data on world cycles tell us? The decoupling of prices and quantities. Antoine Camous, Eric Monnet (PSE and EHESS), Damien Puy (IMF)