Las cosas que no se pueden decir
- 1. Hombres y mujeres no son intercambiables en todas las tareas
- 2. La inmigración ilegal tiene costes reales que recaen sobre los más pobres
- 3. El sistema español de pensiones públicas es matemáticamente insostenible para los menores de 45 años
- 4. La educación pública española está produciendo cohortes con menos competencias básicas que las anteriores
- 5. La España rural se está vaciando porque vivir allí es inviable, no porque la gente no quiera
- 6. Los políticos ganan demasiado para lo poco que rinden y para lo poco que arriesgan
- 7. La sanidad pública española era de las mejores del mundo en 2005 y ya no lo es
- 8. España tiene uno de los regímenes fiscales más hostiles al ahorro y al esfuerzo individual de Europa occidental
- 9. La autonomía local ha multiplicado la corrupción y la ineficiencia, no la cercanía al ciudadano
- 10. Tener hijos en España es financieramente irracional para la mayoría de la clase media
- 11. La memoria histórica selectiva es propaganda, no historia
- 12. El nivel medio del periodismo en España ha colapsado en 15 años
- 13. El consenso climático tiene partes científicas sólidas y partes políticas que no lo son, y mezclarlas debilita las dos
- 14. La inmigración ordenada y meritocrática es buena; la masiva y descontrolada genera problemas medibles
- 15. La meritocracia perfecta no existe pero abandonar la idea de mérito empeora todo
- La pregunta de fondo
Hay un experimento mental muy útil para medir la salud intelectual de una sociedad: hacer una lista de afirmaciones que pueden demostrarse con datos públicos, que no insultan a nadie, que no apelan a nada irracional, y comprobar cuántas de ellas no se pueden decir en voz alta sin pagar un precio social. Cuantas más sean, peor está la sociedad.
España, en 2026, tiene una lista larga. Esta es mi versión, sin pretensión de ser exhaustiva. Solo afirmaciones que cumplen tres requisitos: son fácticamente correctas, son socialmente sancionadas si las dices, y son importantes.
1. Hombres y mujeres no son intercambiables en todas las tareas
Hay diferencias biológicas medibles entre sexos en fuerza física, masa muscular, densidad ósea, capacidad pulmonar y respuesta hormonal. Estas diferencias hacen que, en promedio, en tareas físicamente exigentes (bombero, militar de combate, peón de obra), un hombre rinda más que una mujer. No siempre, no todas, pero en promedio, sí. Decirlo no es machismo. Es ciencia básica de fisiología.
Por qué no se puede decir: porque rompe el dogma actual de que cualquier diferencia entre sexos es construcción social. Y rompe la justificación para bajar las pruebas físicas en oposiciones a profesiones donde la fuerza es relevante.
2. La inmigración ilegal tiene costes reales que recaen sobre los más pobres
Cuando una población de inmigrantes irregulares aterriza en una zona, los costes (vivienda saturada, escuelas saturadas, sanidad saturada, inseguridad relativa) recaen sobre los barrios populares, no sobre los barrios donde viven los defensores políticos del fenómeno. Esto es estadísticamente verificable, no opinable.
Por qué no se puede decir: porque expone la hipocresía de clase de quien defiende políticas cuyas consecuencias paga otra gente.
3. El sistema español de pensiones públicas es matemáticamente insostenible para los menores de 45 años
La pirámide demográfica española está invertida. La ratio cotizantes/pensionistas se hunde. Las proyecciones del propio gobierno lo dicen. Ningún tecnicismo va a cambiar la aritmética básica.
Por qué no se puede decir: porque los pensionistas votan más que los jóvenes, y reconocerlo costaría votos.
4. La educación pública española está produciendo cohortes con menos competencias básicas que las anteriores
Los informes PISA, los exámenes de admisión a universidad y las pruebas de competencias básicas muestran un descenso sostenido en comprensión lectora, matemáticas y razonamiento abstracto. Cada cohorte llega peor formada que la anterior, en términos medibles.
Por qué no se puede decir: porque cuestionarlo implica admitir que las leyes educativas progresistas de las últimas dos décadas han fallado.
5. La España rural se está vaciando porque vivir allí es inviable, no porque la gente no quiera
Los servicios públicos en pueblos pequeños son cada vez peores. Los impuestos son los mismos o más altos. El acceso a sanidad, educación y trabajo es estructuralmente peor que en ciudades. La gente no se va por capricho: se va porque no puede quedarse.
Por qué no se puede decir: porque el discurso oficial culpa al “egoísmo de los jóvenes” en lugar de a la incapacidad del Estado para sostener territorios.
6. Los políticos ganan demasiado para lo poco que rinden y para lo poco que arriesgan
En cualquier empresa privada, un cargo intermedio que cobrara lo que cobra un diputado, con su perfil de competencia media y su tasa de error, sería despedido en seis meses. En la política española, asciende. Y sus pensiones son varias veces más generosas que las del trabajador medio que las paga.
Por qué no se puede decir: porque lo dirían también los políticos de tu partido, así que nadie lo dice de los suyos.
7. La sanidad pública española era de las mejores del mundo en 2005 y ya no lo es
Las listas de espera son cada vez más largas. Los profesionales se van. Los pacientes con dinero se pasan a la privada. La cobertura nominal sigue siendo universal pero la cobertura efectiva se ha degradado durante 15 años. Cualquiera que la haya usado recientemente lo sabe.
Por qué no se puede decir: porque la sanidad pública es uno de los símbolos identitarios sagrados, y reconocer su declive parece una traición ideológica.
8. España tiene uno de los regímenes fiscales más hostiles al ahorro y al esfuerzo individual de Europa occidental
IRPF marginal del 47-54% en algunas comunidades, impuesto al patrimonio, impuesto de solidaridad encima del patrimonio, exit tax, modelo 720, sucesiones aleatorias por código postal. Compara con Portugal NHR, Italia impatriados, Grecia 7%, Suiza, Singapur. Los datos están públicos.
Por qué no se puede decir: porque el discurso oficial enmarca cualquier crítica fiscal como “egoísmo de ricos” en lugar de como descripción de un sistema empíricamente más hostil que sus pares europeos.
9. La autonomía local ha multiplicado la corrupción y la ineficiencia, no la cercanía al ciudadano
Diecisiete sistemas educativos distintos. Diecisiete sanidades distintas. Diecisiete códigos fiscales en herencias. Diecisiete administraciones duplicando funciones. La promesa de “más cerca, más eficiente” no ha cumplido en datos medibles. Lo que ha generado es 17 oportunidades de captura clientelar.
Por qué no se puede decir: porque cuestionar el modelo autonómico se asocia automáticamente a “centralismo franquista” en el debate público, una falacia genética que cierra cualquier discusión racional.
10. Tener hijos en España es financieramente irracional para la mayoría de la clase media
Ayudas mínimas, escuelas saturadas, costes brutales, conciliación inexistente, vivienda inalcanzable, fiscalidad que no reconoce el coste real de criar. España, junto con Italia, tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, y no es por casualidad cultural.
Por qué no se puede decir: porque admitir que el sistema desincentiva tener hijos sería admitir que las políticas familiares son insuficientes para tapar décadas de daño estructural.
11. La memoria histórica selectiva es propaganda, no historia
Una verdadera política de memoria histórica revisaría todos los crímenes de todos los bandos, todas las épocas, todos los regímenes. La que existe en España revisa unos sí y otros no, según conveniencia política presente. Eso no es memoria histórica. Es uso del pasado como arma del presente.
Por qué no se puede decir: porque criticar la “Ley de Memoria” se enmarca como simpatía con lo no recordado, otra falacia que cierra el debate.
12. El nivel medio del periodismo en España ha colapsado en 15 años
Investigación cero, copiar-pegar de notas de prensa, dependencia de suscripciones públicas y privadas que comprometen la independencia, militancia partidista descarada, errores factuales constantes que nadie corrige. No es nostalgia de los viejos tiempos: es declive medible en calidad y diversidad de fuentes.
Por qué no se puede decir: porque cualquiera que lo diga es etiquetado como “anti-periodismo” en general, y esa etiqueta cierra el debate sobre por qué el periodismo concreto que tenemos hoy es el que es.
13. El consenso climático tiene partes científicas sólidas y partes políticas que no lo son, y mezclarlas debilita las dos
El cambio climático antropogénico es ciencia robusta. Las medidas concretas que se proponen para combatirlo son política, y como toda política, son discutibles, costosas, con ganadores y perdedores. Tratar las medidas como si fueran ciencia indiscutible es una forma de manipulación que daña a la propia ciencia cuando la gente termina viendo que ciertas medidas no funcionaron.
Por qué no se puede decir: porque cuestionar cualquier medida concreta te clasifica automáticamente como “negacionista”, una etiqueta que mezcla ciencia y política y cierra el debate.
14. La inmigración ordenada y meritocrática es buena; la masiva y descontrolada genera problemas medibles
Los países que han hecho lo primero (Canadá, Australia, Singapur) han prosperado con la inmigración. Los que han hecho lo segundo han tenido tensiones sociales reales en sus barrios populares. La diferencia no es ideológica: es de gestión.
Por qué no se puede decir: porque cualquier matiz sobre inmigración se aplana al binario “abierto vs racista”, y matizar te coloca por defecto en el lado equivocado.
15. La meritocracia perfecta no existe pero abandonar la idea de mérito empeora todo
Es verdad que el mérito puro es un mito y que las circunstancias cuentan. Pero abandonar la idea de mérito como criterio de organización social, sustituyéndola por cuotas, parientes, ideología o lealtad, produce instituciones peores y sociedades más injustas. Lo verifican todos los experimentos históricos.
Por qué no se puede decir: porque defender el mérito se interpreta como defender los privilegios actuales, otra falacia que cierra el debate sobre cómo construir instituciones razonables.
La pregunta de fondo
Las 15 afirmaciones anteriores comparten una cosa: son discutibles con datos. Pueden ser refutadas, matizadas o defendidas con argumentos. Pero en el debate público español actual, no se discuten con argumentos. Se sancionan socialmente con etiquetas: machista, xenófobo, neoliberal, anti-Estado, negacionista, traidor, facha. La etiqueta sustituye al argumento, y la sanción social reemplaza al razonamiento.
Eso no es debate. Es disciplina ideológica. Y una sociedad donde 15 afirmaciones empíricamente verificables no se pueden enunciar sin pagar un precio es una sociedad que ha dejado de pensar en alto.
La forma de revertirlo no es escribir manifiestos. Es decir cosas concretas en voz alta y aguantar la sanción. Cuanta más gente lo haga, más se rebajará el precio. Y cuando el precio baje lo suficiente, volveremos a poder hablar.
Este artículo es mi pequeña contribución. Cada una de estas frases, dicha en el bar, en la oficina o en la familia, cuesta hoy algo. Si las dices y las defiendes con calma, con datos y sin agresividad, el precio baja un poco. Y al cabo de los años, baja del todo.
Decirlo es la cuota de mantenimiento de una sociedad libre.