Soy leal. No soy hombre de cambios ni de jugarretas
Hace poco más de una década, el Grupo Tovar, ámbito de reflexión constituido en la Fundación Konrad Adenauer, en Caracas, sostuvo un encuentro de un par de días en la Colonia Tovar. En la mañana del segundo día, el grupo, quizá una veintena de personas, fue despertado muy temprano por el canto de un gallo de singular gañote y gran persistencia. No hubo manera de seguir en la cama, en parte porque los recién despertados querían ver la estampa del ave tan prodigiosa. Que no era tal. Era el diplomático Edmundo González Urrutia (EGU), imitador sin competencia del rey del corral, que ya en la madrugada estaba en pie de brega, peinadito y perfecto.